La romería de Muxía batió ayer todos los récords de asistencia, atascos e incidencias por borracheras y pequeños accidentes
10 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.La Barca de Muxía fue ayer más romería que nunca. Los 15 kilómetros que separan el cruce de Berdoias, en la carretera comarcal, del santuario se hacían en no menos de tres horas y al mediodía los voluntarios de Protección Civil se afanaban en apartar cuerpos dormidos para atropellos. Pero lo que más impactó a la multitud fue que hasta el mar se paró cuando pasó la virgen de procesión. No hubo viento ni olas. En Muxía hubo ayer lo normal, pero más. Hubo lipotimias a causa del calor, comas etílicos en gente muy joven, caídas que quedaron en un susto, un brazo roto, cortes por cristales e incluso un periodista de la TVG atacado por las arañas. Tanto hubo que muchos de los miembros de Protección Civil que se pusieron de gala para llevar la imagen seguían con el traje de bonito a últimas horas de la tarde.
También hubo atascos que nadie se atrevió a saltarse y una devoción de las que ponen los pelos de punta. Y hubo niños de 3 años gateando bajo la piedra dos cadrís y largas colas de peregrinos en las rocas mágicas, incluida la pedra de abalar, que volvió a balancearse aunque con dificultad un año más.
Los habitantes de Muxía ya sabían que la Barca de este año tenía asegurado el buen tiempo. Dicen en la Costa da Morte que si llueve por las fiestas de Cee escampa en las de Muxía. Quizá por ello este año las tiendas de campaña proliferaron en las fincas que rodean la villa.
Los prohibitivos precios de los alquileres estos días hicieron que muchos se decidieran por el campismo libre, a razón de 25 euros la tienda y otros 10 el coche. Pero también en Muxía el que hace la ley hace la trampa y en los terrenos entraron muchos vehículos por la puerta mientras las tiendas lo hacían a campo través.
A pesar de todo, ayer por la tarde no se veía demasiada basura en la localidad. La organización funcionó bien y no hubo grandes problemas, pero llegar a Muxía requería mucha paciencia. También salir de ella. Las colas eran, ayer por la noche, de muchos kilómetros en la carretera comarcal que une Fisterra con A Coruña.
En el ámbito de lo festivo, además de las borracheras y el hecho de que un muchacho apareció dormido en un contenedor de basura, lo que sí dio la noche a los vecinos, que ya no confían en dormir estos días, fueron los megáfonos, que se convirtieron en el artículo más vendido de los chiringuitos instalados en el paseo de Muxía.
Pero el acto principal, aunque no seguido por todo el público que acudió a la Barca, fue la misa de campaña, junto al santuario, con los feligreses ocupando las rocas que rodean el tempo bajo un sol de justicia.
Y como no podía ser menos, también hubo muchos que recordaron, todavía hoy, el drama del Prestige , que se cebó con Muxía especialmente y del que la localidad y la virgen de la Barca son emblema.