Mudanza para huir del ruido

Natalia Bore

SOCIEDAD

Vecinos de Las Castellanas, en San Fernando de Henares, asistieron ayer a la demolición de sus casas, próximas a la T4

06 oct 2007 . Actualizado a las 02:36 h.

El barrio de Las Castellanas, en el municipio madrileño de San Fernando de Henares, comenzó ayer a desaparecer bajo las máquinas de demolición. Atrás quedan algo más de tres decenios de historia y un viacrucis marcado por la huella sonora del aeropuerto de Barajas primero, e intensificado después con la entrada en funcionamiento de la T4. Los siete bloques de viviendas (encajonados entre la A-2 y la M-45, en una zona actualmente industrial y sin servicios de ningún tipo) fueron construidos a finales de los sesenta para los trabajadores de la empresa Colomina, que cerró en la década de los ochenta. Pero las casas se quedaron. Y en ellas los vecinos soportaron un nivel de decibelios incompatible con la salud (una media de entre 75 y 85, cuando la exposición máxima no debe rebasar los 65 decibelios), debido a los despegues y a los aterrizajes de las aeronaves: con una frecuencia máxima de uno cada 45 segundos.

El ruido de los aviones es de tal intensidad bajo el cielo de Las Castellanas que las 70 familias, unas 250 personas en total, que hasta esta semana vivían en sus edificios han sido las primeras de todo el país en ser trasladadas por Aena, ante la imposibilidad de insonorizar los bloques.

El desalojo comenzó el pasado lunes, 1 de octubre, y concluyó en torno a las dos de la tarde de ayer, con la salida de los últimos inquilinos. «No lo voy a echar de menos en absoluto porque era insoportable. Cuando pasaban los aviones grandes, especialmente los jumbos, que volaban muy bajo, los cristales del salón vibraban como si fueran a estallar», recordaba María Rodríguez, mientras cargaba en una furgoneta sus últimos enseres domésticos. Llevaba dos años de alquiler en el barrio.

Pero otros vecinos pasaron decenios en Las Castellanas, un grupo de viviendas a casi cinco kilómetros del centro urbano de San Fernando y a cuatro de las nuevas pistas del aeropuerto. Ayer, poco antes de las seis de la tarde, cuando comenzó el derribo de los bloques, no fueron pocos los que, ya instalados en sus nuevas casas en San Fernando, se apiñaron en Las Castellanas para decir adiós a lo que fue su hogar.

Y ni siquiera la actividad de las máquinas, reduciendo a escombros las casas, consiguió enmudecer el rugido de los aviones.