En los móviles de los alumnos del Instituto de Educación Secundaria Alfredo Brañas, de Carballo, no suenan ni El canto del loco, ni Maná, ni Nelly Furtado. Los adolescentes de este municipio coruñés prefieren amarrarse el cinturón y huyen de la moda de descargarse politonos y juegos en su teléfono. «Es carísimo y la paga mensual no da para tanto», reconocen los jóvenes, que aseguran destinan, de media, «entre 20 y 30 euros» en mandar mensajes y hacer llamadas a sus amigos. Son lo que hoy podríamos considerar consumidores a la antigua usanza. Nada de alardes, de Iphone o 3G. Entre otras cosas, como confiesan a las puertas del instituto, porque en esta zona tampoco «es que la cobertura sea como para echar cohetes». Una situación que se repite en muchos puntos de Galicia.
Pero la falta de recursos agudiza el ingenio. Los pocos que llevan instalada alguna melodía en su móvil no la han conseguido a través de su propio teléfono. Aprovechan la conexión a Internet que tienen en su casa para bajarse la canción que desean tener y luego la transfieren a través de un cable USB o un dispositivo bluetooth. «En Internet la música no cuesta nada y además se descarga enseguida», explican los adolescentes. Son, en su mayoría, piratas perseguidos por la SGAE.
De todas formas, no todos los jóvenes tienen acceso a las nuevas tecnologías. A las puertas del IES Alfredo Brañas aún se escucha una frase que para muchos parece pertenecer a otro tiempo: «Yo no tengo Internet».
Quienes sí acceden a la red de redes lo hacen de media entre una hora y dos. Las chicas se conectan más que los chicos y utilizan programas como el Emule, Tuenti o Messenger. Estos últimos son el equivalente moderno del telefonillo de toda la vida, que ahora ya no suena nada más que para el cartero o para la publicidad. Ahora, los adolescentes se citan por medio de fibra óptica y cables coaxiales. Escriben en Internet: «ns vmos n la plaza n 15 mins» o «baja n 10 mins».