El vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, afirma que «la Iglesia se siente a gusto dentro de un estado aconfesional». «Nos encontramos muy cómodos en una situación de reconocimiento de la pluralidad religiosa, dentro de un estado que no se identifica con ninguna confesión y que respeta la libertad de creencias de todos», apuntaba el prelado ayer, en la residencia episcopal de Ferrol, ciudad a la que acudió a pronunciar una conferencia sobre la trascendencia de los textos bíblicos. «Lo importante -añadía- es que todos sepamos estar en nuestro lugar. Y ese lugar es el que a cada uno nos marca, en democracia, la Constitución». «Nosotros no sentimos ninguna nostalgia -apuntó, sonriendo, Blázquez- de algunas situaciones del pasado...». El obispo con el que más claramente se identifica el llamado sector «progresista» de la Conferencia Episcopal hispana sostiene además que «la Iglesia ha percibido con claridad que la fe no puede imponerse», porque si algo ha de ser la fe, sobre todo ?-recalca- es un ejercicio de «libertad». No obstante, reivindica el derecho de los obispos a «contribuir a configurar la opinión pública». Y recalca que hay cuestiones que, por su gravedad, deben ser objeto de un «debate público», y no solo de una discusión parlamentaria. Especialmente, las cuestiones que afectan a la «vida humana», como la reforma legal sobre el aborto. «Quitar una vida no es un derecho», resaltó Blázquez, al tiempo que subrayaba su total rechazo a «desproteger la vida humana». Blázquez, que ayer se comprometió a sumarse «a la invitación al Papa para que visite Santiago» en el 2011, recuerda con especial afecto su paso por Galicia, donde permaneció cuatro años como obispo auxiliar de Compostela. «Galicia ?-dijo- es una escuela de respeto, de cómo relacionarnos entre los seres humanos. Cuando un gallego te da su amistad, eso es inquebrantable».