Doce de los dieciséis improvisadores de la montaña luguesa convocados al encuentro del sábado en Lóuzara (Samos) acudieron a la cita de vecinos e investigadores deseosos de brindos y regueifas. La comida organizada por las asociaciones Oral de Vigo y el Centro Galego de Música Popular contó con bastantes participantes, los brindadores María de Paredes, José O Fontal, y Antonio Río O Ribeira, y Antonio Río, de Louzarela, todos de Samos; Adamo y Amable de Nullán, dos aloiadores (así se denominan en Os Ancares) de As Nogais, Pepe de Folgar (Monforte); Fidel Gallego, de Cortes (Samos), Daniel Vilariño, Antonio Campo, Antonio Vila y Carmen, de Sarria. De todos ellos, Daniel es el más joven, con 67 años. A ellos se unieron desde Vigo un trío de regueifeiros de nuevo cuño: Luis O Caruncho, Josiño da Teixeira y Benito Logariño, que son algunos de los que han salido tras doce años de encuentros de improvisadores de Oral de Vigo, representada por Carlos Alonso. «Xa non valgo» Los tres últimos ejercieron de animadores o respondedores de los más veteranos, algunos de los cuales eran reacios a participar en esta lucha sin heridos, al no verse ya con la agilidad mental necesaria: «Xa non valgo, non me sae ben», alegaron preocupados ante los etnomusicólogos o antropólogos musicales que les buscaron, teniendo que superar las reticencias de los familiares que no les daban valor o temían el ridículo. Tiraron, cómo no, de la mano del cura Xesús Mato, que continúa como armadanzas musicales de la montaña. Al final, en Lóuzara salieron chispazos de canto improvisado, más eficaz que la oratoria de sobremesa. Falló la variedad temática, pues casi todo se centró en las urgencias de la entrepierna (masculina) y del bandullo, ámbitos muy recitados al ser los brindos propios de las bodas de antes. O Ribeira, con camisa de color rosa palo y ya muy paseado por ruedos y platós, fue de los veteranos con mayor repertorio de salidas y una «coplas que son divertidas e non molestan a naide». Dio una tunda verbal a Josiño, tras retarle este como «presidente». Ribeira debía llevar un buen rato masticando el encuentro burlesco e incluso lo buscó al final entre el auditorio. Las esencias de la música rural son las que son, y estos raperos de viejo andan ahora solicitados, antes de que mueran todos. Según Ramón Pinheiro, que prepara una historia del canto improvisado en Galicia, «atopámolos en moitas bisbarras, pero só quedan brindeiros vivos en Bergantiños e na montaña». En busca de «brotes verdes» Junto con Uxía Pedreira, Pinheiro rebusca en las raíces de la música tradicional para sacar nuevos «brotes verdes». Quizás el recitado más antiguo sonó en la voz del veterano y recto tono de José O Fontal -poco veía, pero captó el tono de la reunión-, el romance picarón a una tal Dorita, improvisado con la cadencia de aquellos cantos antiguos de vida, de arrimarse. «O estilo do interior -decía Pinheiro-, é máis poético, arcaico ou introspectivo, e sempre repiten o último verso de quen lles precede; en cambio a loita dos da costa é máis descarada, explícita». El primero, el de la camisa bien planchada y guardar las formas mientras la comida está en la mesa, suele quedarse en la metáfora y la rima se resuelve con mayor sorpresa final. El segundo, el de la camiseta serigrafiada, buena andorga y reto más tabernario. Salieran o no aspectos canónicos de la improvisación, allí escucharon varios filólogos, músicos de Sober -Quempallou y Niño do Cuco-, o la directora del Centro Dramático Galego, Cristina Domínguez. Como teatro, tratamiento de voz y otras variantes, estas formas populares de cantos para la Navidad (Reises), el entroido o las bodas (cantos epitalámicos) tienen incluso interés. Los medievalistas dicen que son tradición desde al menos el siglo XIII, desde los trovadores y ciegos-lazarillos. El anfitrión, saxofonista Al remate salió el saxofón del patrón de la casa, Evaristo, curtido en orquestas rurales. Y versos de toda la vida: «Heime de casar cun vello, heime de cansar de rire..», «E dormir de pé, e dormir de pé...» o adaptaciones locales: «Se o río de Sarria levara coñá, levara coñaaá, levara coñá...»