«¿Pero no sabes quién es José Tomas?»

SOCIEDAD

Cuatro horas fueron suficientes para que se agotasen las entradas del matador de Galapagar en Pontevedra. La última esperanza, el 1 de agosto, con cerca de 300 boletos

21 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Preguntar si merece la pena tanta expectación por ver al maestro de Galapagar el próximo 1 de agosto es algo que puede ofender a los que llevan esperando desde las cuatro y media de la madrugada en la plaza de toros de Pontevedra. Cerca de dos mil entradas se repartieron ayer en el coso de San Roque en algo más de cuatro horas.

-¿Merece tanto la pena?

-¿Pero tú no sabes quién es José Tomás? Pues ya está.

La duda molesta al fiel seguidor, aunque para otros la actuación tiene un atractivo diferente: «El morbillo de si le pasa algo...», asegura una joven.

Lo primero que uno debe saber es que las siete y media de la mañana no tiene por qué ser demasiado tarde para comprar las entradas del diestro. Aunque la cola ya daba casi la vuelta al coso. Lo segundo es que siempre habrá alguien que llegue antes. Puede ser a las cinco, a las cuatro, a las doce, a las diez o incluso a las siete de la tarde del día anterior. A esas horas el kit de supervivencia no puede faltar. Imprescindible para pasar la noche a la intemperie una buena silla, si es blandita como las de la playa y con respaldo, mucho mejor. También una buena manta y la nevera, con comida y algún tipo de bebida que permita pasar la noche de forma agradable. El ambiente festivo está garantizado. Lo que ya no es tan seguro es que algún listillo pueda colarse.

Y es que nadie está dispuesto a que el sacrificio no tenga recompensa. A las ocho de la mañana una aficionada es increpada por sus compañeros de fila. La acusan de haber querido regalar el número que un organizador improvisado había repartido la noche anterior. A cambio, solicitaba que el receptor del tique le comprase una entrada. Pero la argucia no resultó. Cuando se presentó a las seis de mañana, los abucheos no cesaron. Aunque ella se mantuvo impasible. El conflicto finalmente quedó resuelto cuando un trabajador de la plaza comenzó a repartir los números oficiales, siguiendo el consejo de los compañeros de fila. La señora se quedó sin número y sin opción a compra. Dos entradas para José Tomás por cada número y una cola por delante que en algunos casos superó las quince horas.