«Pretendemos hacer más accesible la playa a quienes lo tienen más difícil», explica Marcos Carreiras, el encargado del programa Esfuerza, promovido por la Fundación María José Jove. Ayer fue el primer día del verano en el que cuatro personas con algún tipo de discapacidad física o psíquica tuvieron la ayuda necesaria para disfrutar de un baño en la playa de Oza.
Es el segundo año que la fundación ofrece esta oportunidad mediante la asistencia de dos monitoras y dos sillas anfibias, especiales para personas que no pueden moverse con facilidad. Estos asientos acuáticos cuentan con tres ruedas especiales para ir por la arena y están rodeadas de varios flotadores, similares a las boyas. Montse Sánchez fue una de las primeras en utilizar las sillas. El año pasado ya había participado en el programa y está «muy contenta», porque antes no podía bañarse, «solo mirar el mar desde la silla». Además, hizo piragüismo y vela gracias a la fundación.
Todos los lunes, de 12 a 13 y de 15 a 18 horas, habrá grupos de diez personas apuntadas a Esfuerza, durante los meses de julio y agosto en Oza. Ayer solo estuvieron cuatro personas porque otras seis se encontraron con problemas de transporte. Óscar Abelleira está entre los asistentes. Él no necesita silla. Se baña solo, a pesar de que hace 18 años quedó con la mitad izquierda del cuerpo inmóvil por culpa de un accidente de tráfico. «Querer es poder. A base de esfuerzo, he vuelto a andar y conducir», dice.