La llegada del iPhone 4 viene precedida por su enorme éxito en Estados Unidos, donde se vendieron 1,7 millones de unidades en los tres primeros días, aunque también viene rodeada por una fuerte polémica acerca de los problemas de recepción que sufre, asunto que tras unas primeras pruebas informales me da la impresión de que se está sacando de quicio, algo a lo que ha ayudado que la gestión de Apple del asunto tampoco haya sido especialmente brillante.
Quizá esto tenga mucho que ver con que Apple, tras haber sido declarada muerta en una y otra ocasión a lo largo de su historia, no solo goza en la actualidad de una salud económica envidiable, sino que, además de recuperar su puesto como una de las empresas más reconocidas en el campo de los ordenadores, se ha hecho con la posición dominante en el mercado de los reproductores de música con el iPod y de la telefonía móvil con el iPhone, por muy criticados que fueran ambos en el momento de sus respectivas presentaciones. Y ya se sabe que lo único peor que fracasar en algo es tener éxito.
En España será difícil, de todos modos, que el iPhone 4 consiga unas ventas tan espectaculares como las de AT&T porque los precios que ofertan las operadoras españolas, al menos de salida, son bastante menos atractivos, sin duda jugando a intentar aprovecharse del ansia de los early adopters por hacerse con el terminal. Creo que no arriesgo mucho si digo que con toda seguridad aquí va a ser también un éxito de ventas, problemas de recepción mediante o no.