Cuando el saber se hace odioso

SOCIEDAD

14 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

E l éxito escolar nunca ha estado tan valorado. Si en la educación infantil y primaria las diferencias se integran mejor, con el pasaje a secundaria aparece de forma visible el fracaso escolar. Cuando un alumno repite, aunque pedagógicamente sea lo más conveniente, la idea de fracaso se hace inevitable para los demás y para él mismo. La respuesta subjetiva va desde el afecto depresivo que acompaña al sentimiento de infravaloración personal hasta la identificación al papel de mal alumno como modo de representación grupal. Hemos conseguido que para una parte de nuestros niños y jóvenes el saber sea algo odioso. Con la ESO se ha pretendido que todos los alumnos adquieran un mayor nivel de instrucción. Pero a la oferta del bien se puede responder con el mayor de los rechazos. No todos quieren estudiar o pueden alcanzar el nivel fijado como obligatorio. El legislador no tuvo en cuenta que la educación es una oferta que requiere del consentimiento del sujeto. Frente a esta realidad, se aplica una política de clases de nivel, o de centros educativos de diferente nivel. El efecto de segregación es inevitable. La política de «más para todos» nos ha traído el «menos para muchos».