«No os avergoncéis del Señor»

alejandro posilio MADRID / LA VOZ

SOCIEDAD

El papa llega a Madrid y anima a los jóvenes de la JMJ a no ocultar su identidad cristiana

19 ago 2011 . Actualizado a las 12:24 h.

«Que nada ni nadie os quite la paz. No os avergoncéis del Señor. Él no ha tenido reparo en hacerse uno como nosotros y experimentar nuestras angustias para llevarlas a Dios, y así nos ha salvado». Son palabras del papa en el aeropuerto de Barajas minutos después de llegar a Madrid para presidir la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

El pontífice, que fue recibido tras bajar las escalerillas del avión por los reyes de España y el presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, pidió en el primer discurso de su visita pastoral respeto a la identidad cristiana: «No pocos por causa de su fe en Cristo sufren en sí mismos la discriminación, que lleva al desprecio y la persecución abierta o larvada que padecen en determinadas regiones y países. Se les acosa queriendo apartarlos de Él, privándolos de los signos de su presencia en la vida pública».

Esta crítica indirecta a las políticas del Gobierno socialista español fue posterior a la preocupación que mostró por los peligros que acosan a los jóvenes, «como el desempleo, la drogadicción y la discriminación». Y resaltó que muchos de ellos «miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro».

Condena más severa

Pero la condena más severa del pontífice en su primera intervención pública, de las doce que protagonizará durante los cuatro días de visita, la lanzó contra el materialismo y el egoísmo de la sociedad actual. Y por eso animó a los jóvenes a buscar en Dios el aliento necesario para superar estas trabas: «Ven la superficialidad, el consumismo y el hedonismo imperantes, tanta banalidad a la hora de vivir la sexualidad, tanta insolidaridad, tanta corrupción que saben que sin Dios sería arduo afrontar estos retos y ser verdaderamente felices».

Tras saludar al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y a las autoridades del Estado y las eclesiásticas que acudieron a recibirle, Benedicto XVI se dirigió a todos ellos y a los afortunados dos mil jóvenes invitados que recibieron al Santo Padre en las pistas del aeródromo madrileño. También tuvo palabras de ánimo para todos los españoles, que, dijo, vencerán los actuales motivos de preocupación por su afán de superación, «con ese dinamismo que los caracteriza, y al que tanto contribuyen sus hondas raíces cristianas».

Las palabras del Santo Padre, que fueron interrumpidas numerosas ocasiones por los aplausos y vítores de los presentes, también explicaron la razón de ser de esta JMJ, organizada porque los peregrinos «buscan escuchar la palabra de Dios». «La Jornada es una brisa de aire puro y juvenil con aromas renovadores que llena de confianza ante el mañana a la Iglesia y al mundo».

Palabras doctrinales

Si el discurso matutino del líder del catolicismo estuvo más dirigido a los políticos y a los problemas del mundo, por la tarde en el multitudinario acto de bienvenida en la plaza de Cibeles, sus palabras tuvieron un sentido más doctrinal y teológico.

Tras el saludo en diferentes idiomas, el Santo Padre invitó a los cientos de miles de feligreses a conocer mejor a Cristo para conseguir una vida más sólida y estable. Es más, los animó a proyectar su luz sobre los coetáneos y sobre toda la humanidad, «para mostrar una alternativa válida a tantos como se han venido abajo en la vida porque sus fundamentos eran inconsistentes. A tantos que se contentan con seguir las corrientes de la moda, se cobijan en el interés inmediato, olvidando la justicia verdadera o se refugian en pareceres propios en vez de buscar la verdad sin adjetivos».

Además, el sumo pontífice solicitó a los miles de jóvenes reunidos en la JMJ que se aferren al Evangelio para parecerse a Cristo, y sean «pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón y amantes de la paz».

También les alertó para que no sucumban a las «tentaciones», como aquellos que «deciden quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias», en clara referencia al aborto o la eutanasia, a los que la jerarquía eclesiástica se opone.

Y Benedicto XVI sentenció: «Esas tentaciones siempre están al acecho. Pero es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios».

«A los jóvenes se les acosa queriendo apartarlos de Él, privándoles de los signos de su presencia en la vida pública»

«Muchos miran con preocupación el futuro ante la dificultad de hallar un empleo»

«Las tentaciones siempre están al acecho, pero es importante no sucumbir a ellas»

Benedicto XVI