Yo soy yo y mis aparatos

SOCIEDAD

20 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

«Pues igual me compras un Max de esos, mira que va bien». Cuando una tía abuela de tus hijos entra con esta frase en tu redil, aunque a un MacBook Pro de Apple le llame Max, te saltan las lágrimas por no haber predicado en desierto. Años sufriendo el desprecio de quienes asocian la tecnología al consumismo y el consumismo a Satanás para que, de repente, un buen día, una beata analógica te haga caso y te diga que si Steve Jobs le dice ven, lo deja todo; una batalla ganada. Emoción.

La tecnología tiene que ser amigable, tocable, usable y duradera. Y cuando los productos de la compañía de la manzana -lo siento, soy un ultrasur de Steve Jobs y su iglesia, aunque en el trabajo usemos pecés- despiertan por igual el interés de la tía abuela que de los sobrinos nietos, separados por más de medio siglo en el tiempo y 800 kilómetros en el espacio, algo han debido de hacer bien en Cupertino. Veo a mi chaval de un año frotando con el dedito el álbum de fotos del iPad, como si hubiera nacido con esa habilidad, y pienso: «Con un año, lo único que yo tocaba con el dedo eran mis mocos, poco interactivos. ¿Qué no sabrá hacer este niño cuando tenga mis años?».

En este espacio les contaré las, a veces, sorprendentes experiencias cotidianas de un tipo interesado por la cacharrería que tiene pánico a convertirse en un analfabeto tecnológico. De uno que ha invertido mucho tiempo -y bastante pasta- en tratar y entender a unos aparatos que están pensados para hacernos la vida más fácil. Soy un gran defensor de la tecnología, el típico amigo «que sabe un poco» y que acude al rescate de los que no pueden, no saben o, simplemente, no quieren. ¡Incluso me apodan Casiotone! Yo soy yo y mis aparatos, pero ahora me vengaré.