«Hay que pensar a lo grande»

Luís Pousa Rodríguez
luís pousa A CORUÑA / LA VOZ

SOCIEDAD

08 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Alfonso Castro Beiras (Santiago, 1944) lo mismo habla de la cardiopatía isquémica que cita un poema de Eliot o matiza las diferencias entre información, conocimiento y sabiduría. Este cardiólogo sabio cumple 35 años en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), donde además del nombre muchas cosas han cambiado desde aquel 1977 en que se levantó de la nada un servicio de cardiología que hoy es el más codiciado por los mejores cerebros del MIR.

-¿Por qué decidió dejar Madrid en 1977 para regresar a Galicia y empezar de cero?

-Yo estaba en la clínica Puerta de Hierro y vine a un congreso que había en Santiago y ese mismo verano alguien me animó a presentarme a la oposición que se convocaba en A Coruña. La aprobé y mi mujer me dijo: «Bueno, ya has demostrado que eres el más listo, ahora solo espero que no sigas opositando...» [risas].

-¿Cómo fueron los inicios?

-En 1977 no había absolutamente nada. Yo tenía la ilusión de montar la primera sala de hemodinámica del hospital, para la que había un dinero destinado, 27 millones de pesetas. Pero llegó la crisis y se cayó del presupuesto. Después pudimos traer una de las seis salas de aquella locura que había montado en el Piramidón de Madrid el marqués de Villaverde. Y con tres cardiólogos empezamos a crecer y a desarrollar todo con muchísimas dificultades. Hay cosas que solo las escribiré cuando me jubile...

-Y, tres décadas después, Galicia es el modelo a seguir. La Sociedad Española de Cardiología propone exportar a toda España el sistema gallego de tratamiento del infarto. ¿Qué tiene de especial?

-Se basa en que el paciente sea tratado cuanto antes, aunque ahora hemos comprobado que el tiempo no es tan importante como se pensaba, pero sobre todo en el centro adecuado. Y ahí es clave el 061, que atiende al paciente en una ambulancia que es una auténtica unidad coronaria con ruedas. Es el sitio más seguro donde se puede estar.

-¿El tamaño del hospital sí importa?

-No el tamaño, sino la complejidad de lo que atiende. Es algo que no se mide por el número de camas, porque puedes tener mil camas y no estar preparado para atender un infarto. En Galicia tenemos una de las más bajas mortalidades por infarto porque tenemos un sistema concentrado. La cercanía en este caso no es ningún privilegio.

-¿Por qué no?

-Porque lo importante es que te traten en el sitio adecuado. Y para tener centros adecuados hay que concentrar, no solo por economía, sino por la calidad de la prestación. Es fundamental que los médicos tengan mucha experiencia y para eso hay que ver un número elevado de casos al año.

-¿Y no se podría sacar más partido a ese conocimiento?

-Claro. En Galicia hay un Inditex pero puede haber otras cosas si se hacen desde la excelencia, como una ciudad de la medicina. En Estados Unidos hay ciudades que viven solamente de la medicina. Rochester, por poner un ejemplo extremo, tiene 50.000 habitantes y tiene la clínica Mayo. Nosotros tenemos unos investigadores que compiten a nivel nacional e internacional y tenemos que lograr la transferencia de ese conocimiento a la industria. Falta esa conexión. Hay que pensar a lo grande, no gastar a lo grande.

-Los médicos copan la televisión. ¿Tendría sitio un doctor como House en su hospital?

-La experiencia de la televisión y los médicos empezó con el doctor Gannon. En América tenían déficit de doctores y sacaron aquella serie para lograr más vocaciones. Pero, por lo poco que he visto, la medicina afortunadamente no es como la pinta el doctor House. Aunque la medicina se ha tecnificado mucho, el acto médico, ese momento en que tú estás solo con el paciente, sigue siendo crucial. Tienes que ayudarle a que acepte lo que tiene y a tomar la mejor decisión. Hay que tener claro ese concepto de ayuda. Es imprescindible.