Decenas de miles de «folkies» disfrutaron en el día grande del festival más multitudinario de Galicia
15 jul 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Con la insignia pirata por bandera, referencias hippies y por la paz, música de guitarras, flautas y alguna que otra gaita camuflada, la acampada libre habilitada en el pinar de Morouzos vuelve a ser más celta que nunca. La hermandad reina entre las decenas de miles de folkies venidos de todo el mundo que año tras año regresan al Festival Internacional do Mundo Celta de Ortigueira.
Entre las dunas ha conseguido encubrirse alguna que otra polémica carpa dance, contra las que los organizadores y el concello han luchado en esta edición, aprobando una ordenanza que prohíbe la introducción de aparatos eléctricos de gran potencia. «Otros años pasabas y estaba todo lleno de tiendas, carpas, comida... La gente que no quería ir al pueblo no tenía que moverse de aquí -describe Andrea, una leonesa asidua al festival-. Sobre todo, se nota la falta de las rave». Otros, como Javier, también de León, para el que este es su décimo festival, agradecen la prohibición que ha supuesto «una acampada más tranquila». «Lo que no puede ser es que dejaran que continuase el desfase en el que se había convertido esto», asegura.
Los que han venido por primera vez lo hicieron alertados de las prohibiciones de este año, pero se marchan asombrados del ambiente. «Es un lugar increíble, la playa, la gente, la hermandad... No lo imaginaba así», señala Javier Cervantes, más conocido como El duende Carlo. Mexicano y residente en Barcelona, ha llegado a Ortigueira junto con su compañero de piso para animar la acampada con actuaciones de «performance y buen rollo».
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