Aunque la UE supo superar guerras y divisiones ahora atraviesa un momento de gran malestar entre la ciudadanía y gran controversia por la política de austeridad impuesta por Bruselas
12 oct 2012 . Actualizado a las 16:52 h.El Nobel de la Paz llega cuando la Unión Europa está inmersa en uno de sus peores desafíos, acorralada por una prolongada crisis económica y retos diplomáticos que hacen temblar los cimientos de un proyecto que se gestó hace más de 60 años.«Es una distinción que debería haberse otorgado hace tiempo», estimó Jean-Dominique Giuliani, presidente de la Fundación Robert Schuman, en homenaje al político francés que en mayo de 1950, cinco años después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, declaró la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), el primer pilar del proyecto europeo. Una iniciativa que «trajo la paz a un continente devastado por guerras, en el que se vivieron horrores que culminaron en el siglo XX con dos ideologías totalitarias y dos conflictos mundiales terribles», estimó. «La UE gestó algo que no existía en la historia de la humanidad, la unificación pacífica de un continente» basada en el pacto franco-alemán para poner punto final a las guerras, añadió Giuliani.
Pasaron más de 60 años de la declaración Schuman y 55 años del Tratado de Roma de 1957 que sentó la base jurídica del proyecto. En un principio fueron seis países (Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Alemania y Luxemburgo). Hoy son 27 los Estados que integran un proyecto que puede enorgullecerse de haber evitado las guerras en el continente.
La UE logró «superar las guerras y divisiones», como destacó su presidente Herman Van Rompuy, pero también es ciero que el reconocimiento llega en un momento de prolongada crisis económica, con una recesión y desempleo que se agravan en los países del sur, y que tienen a países como Grecia y España contra las cuerdas. Son cada vez más los países europeos que se desgarran entre las medidas de austeridad impuestas por Bruselas y el profundo malestar social que dejan entre sus ciudadanos.
«Es un premio realmente extraño y más en este momento de crisis y controversia sobre las políticas económicas y financieras de la Unión Europea», opinó Mariano Aguirre, director del Centro de paz NOREF, con sede en Oslo.
De todas maneras, «internamente ha sido un proyecto exitoso, que ha logrado mantener la paz entre sus miembros a través de acuerdos económicos, políticos, sociales, culturales y de seguridad», admitió a la AFP.
El galardón es llamativo incluso teniendo en cuenta que Noruega, país anfitrión del Nobel de la Paz, se negó a adherir a la UE después de dos referéndums (1972 y 1994).
Los dirigentes europeos repiten hasta el cansacio que sólo más Europa, basada en los pilares de una unión fiscal, bancaria y política federalista salvará al continente y evitará el hundimiento del proyecto, en medio de una corriente de euroescepticismo que no deja de ganar adeptos. En ese contexto, este galardón representa un balón de oxígeno.
Es «un premio mas que merecido. Ojalá sirva de reflexión a los que convierten a Europa en blanco de criticas inmerecidas», opinó el vicepresidente de la Comisión Europea y encargado de Competencia, el español Joaquín Almunia.
El premio también levanta cierta controversia por el papel de la UE en el ámbito diplomático, en momentos de que el bloque trata de reforzar su papel para acabar con el régimen de Bashar al Asad en Siria y frenar el programa nuclear de Irán. Y aún tiene varias cuentas pendientes. Nadie olvida su llegada tarde a la sangrienta guerra en Bosnia-Herzegovina (1992-1995) que provocó más de 100.000 muertos y dejó al país desangrado física y moralmente.
La Unión Europea mantiene una polémica presencia en ese país, bajo la misión Althea que supervisa el cumplimiento de los acuerdos de Dayton que acabaron con la guerra, con el que intenta mantener la paz y reforzar a la joven democracia.
«Internacionalmente la UE ha sido más limitada en promover la paz y la seguridad debido a las diferentes visiones nacionales, y a la tensión entre el interés de cada Estado (...) y el interés privado de empresas y corporaciones», explicó Aguirre. «Estos tres factores no han logrado combinarse siempre con eficacia», añadió.