Mercedes Hermida lo podría decir más alto, pero no más claro: «Si tengo que pagar la ambulancia o el taxi para venir a diálisis, me tendré que dejar morir porque no me va a llegar el dinero». Tres veces a la semana -«y cuando no me encuentro bien alguna más», declara-, esta lucense de 51 años, que es socia de Alcer Lugo, tiene que desplazarse a la clínica en la que una máquina le extrae de la sangre las toxinas y el exceso de agua que sus riñones no son capaces de eliminar.
-¿En qué se desplaza a diálisis?
-Vivo en el otro extremo de la ciudad y no puedo venir andando [es ciega, así que el coche está descartado]. Antes me mandaban un taxi, pero tengo problemas en el cuello y me pusieron una ambulancia porque casi no me puedo desplazar.
-¿Qué opina del copago por los traslados que pretende poner en marcha la Xunta?
-Veo muy mal lo que está haciendo este presidente. Fui trasplantada y no me valió. Llevo siete años en lista de espera para otro riñón. Cobro una pensión y si voy a tener que pagar por cada viaje, no me va a llegar.