La asociación Arela ofrece centros de día, alojamiento e intervención educativa a menores excluidos socialmente
19 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Velar por los derechos de los menores es la misión fundamental de la asociación Arela desde 1998, sobre todo si se trata de jóvenes en riesgo de exclusión social. Con el objetivo claro de ofrecer medidas de apoyo tanto a adolescentes en situación de desamparo como a aquellos que se encuentren en régimen de reinserción por cometer algún delito, esta organización creó el pasado año un plan de ayuda específico que cuenta ya con más de 160 beneficiarios en toda Galicia.
El Programa de fomento de la autonomía de jóvenes y adolescentes en riesgo de exclusión social, con el que colabora Obra Social «la Caixa», cuenta en la actualidad con centros de día para menores con problemas socio-familiares moderados - uno en Santiago y otro en O Barco-; un servicio de alojamiento presente en las cuatro provincias gallegas para, según afirma la coordinadora del proyecto, Maite Celeiro, «chicos con dificultades en su entorno que no pueden vivir en sus domicilios por ejemplo, por problemas de maltrato»; y centros de intervención educativa que procuran que jóvenes que cumplen condena puedan contar con un futuro ajeno a la reincidencia delictiva.
Dentro de cada plan específico trabajan educadores sociales, pedagogos o psicólogos que ayudan a los menores a «mejorar sus habilidades para la autonomía». Con esto, Celeiro se refiere a que los chavales aprenden a gestionar su ocio -pone como ejemplo el cumplimiento de horarios-, a realizar tareas administrativas, sanitarias o económicas básicas, y a mejorar sus capacidades comunicativas, «tienen que saber tratar de forma diferente a un jefe que a un amigo», apunta.
La coordinadora del proyecto afirma que las perspectivas de futuro que se prevén para este programa son buenas: «150 de los 164 chicos que han pasado por nuestras manos presentan mejoras significativas». Y reconoce que aunque no todos los chicos empiezan igual de motivados, «con las herramientas que les damos, poco a poco, empiezan a mejorar su autoestima porque no se sienten tan diferentes en ciertos contextos». Buena prueba de ello es el comportamiento de estos jóvenes en las actividades que realizan, que van desde sesiones de capoeira a la asistencia a eventos como O Marisquiño.
En cuanto al tiempo que cada joven pasa en los centros de día o interno en una casa con educadores, Celeiro asegura que depende de la problemática de cada uno. En el caso de los chicos sujetos a una reinserción social el proceso tiene una duración que está determinada por un juez.