La evaluación del neurólogo gana peso en la detección precoz del alzhéimer

Un estudio del CHUS demuestra que el diagnóstico no se debe apoyar solo en los biomarcadores


Santiago/La Voz

Antes solo podía hacerse un diagnóstico de alzhéimer cuando el paciente tenía síntomas clínicos. Es decir, tarde. A día de hoy, y tras décadas de investigación, existe consenso en que puede detectarse esta enfermedad de forma precoz en base a biomarcadores. No es algo que se haga en la clínica —en donde solo se aplica a enfermos con demencia avanzada—, pero sí en investigación. El biomarcador se establece a través de una punción lumbar en la que se extrae líquido cefalorraquídeo para medir los valores de dos proteínas: beta-amiloide y tau. Si están alterados, se entiende que habrá enfermedad de Alzheimer.

Pero esta premisa no es inamovible. El investigador Alexis Moscoso ha llevado a cabo un estudio en el servicio de medicina nuclear del CHUS, dentro del proyecto Early2Alz para el diagnóstico precoz del alzhéimer, que demuestra que los biomarcadores no lo son todo a la hora de desarrollar la enfermedad. «Nos encontramos con que la evaluación neuropsicológica da valor predictivo. Es decir, aún teniendo el perfil más malo de todos en los biomarcadores, si el test neuropsicológico es bastante bueno, tendrás la mitad de probabilidades de progresar a demencia a medio plazo», explica Moscoso.

Los resultados del trabajo se han publicado en una de las revistas de mayor prestigio en alzhéimer, Neurobiology of aging, y demuestran que la evaluación cognitiva que hace el neurólogo es igualmente relevante para identificar a los pacientes que tendrán esta demencia, y no solo los biomarcadores. ¿Por qué? Para responder hay que poner encima de la mesa la manida reserva cognitiva, esa capacidad que tiene el cerebro de determinadas personas —por ejemplo con más nivel cultural y educativo— para reacomodarse y mantenerse sin deterioro cognitivo, «estos pacientes tardan más en desarrollar la demencia y, por lo tanto, resisten más», apunta este investigador. La conclusión que quiere remarcar el estudio es que aunque las investigaciones recientes se centran en los biomarcadores, no hay que olvidar otros aspectos en el futuro deterioro cognitivo. Los investigadores utilizaron pacientes reclutados en Estados Unidos y Canadá, en concreto 387, con biomarcadores de líquido cefalorraquídeo y resonancia magnética y un seguimiento de hasta once años.

Neuroimagen

El equipo, coordinado por Pablo Aguiar y en el que también participan el neurólogo José Manuel Aldrey y la médico nuclear Julia Cortés, quiere avanzar ahora en la neuroimagen, ya que el análisis de las proteínas que se hace con la punción lumbar puede llevar se a cabo, y mejor, con técnicas de medicina nuclear, en concreto con un PET.

El gran drama del alzhéimer es la ausencia de tratamiento. Todos los ensayos que se hicieron, centrados en pacientes con demencia o con deterioro cognitivo leve pero en fases avanzadas, fracasaron. De ahí que ahora se trabaje en ir a los primeros estadios, cuando los individuos están sutilmente deteriorados o incluso cognitivamente normales. Si se lograse un tratamiento eficaz se podría aplicar incluso un cribado —con los biomarcadores— para atajar cuanto antes la enfermedad. «De momento no hay ese tratamiento, pero la experiencia nos dice que probablemente ese sea el camino», explica Alexis. Un camino en el que todavía faltan metros, pero en el que se han avanzado kilómetros.

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