Ourense se pone la mascarilla: «La gente no quiere que le caiga una multa o le llamen la atención»

Vecinos de la ciudad, empleados de Correos o del servicio de limpieza municipal perciben un cumplimiento casi general de la norma del Gobierno

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Así fue el primer día de Ourense con mascarillas obligatorias La ciudad se desperezó con muchos de sus vecinos empleando protección facial, con excepciones y también malentendidos

Ourense / La Voz

En torno a las diez y media, Flora, de 58 años y empleada del servicio de Correos, llevaba ya dos horas caminando por la ciudad repartiendo correspondencia. Seguramente, al final del día tendrá un dibujo completo de si Ourense cumplió o no con la obligación de uso de mascarillas. «Y en comparación con el principio parece que hay bastante más gente», decía. En su caso, además de ir por las calles, también timbra a los vecinos a los que lleva algún paquete. «Pero ahora avisamos por el telefonillo y mandamos muchas cosas por el ascensor. Algunas personas salían con mascarilla desde dentro de casa también», cuenta.

La ciudad de As Burgas se desperezó con una amplia mayoría de vecinos bostezando tras útiles de protección facial. Algunos, de forma más testimonial, la llevaban en la mano, colgada de la oreja para detenerse a hablar por el móvil o la bajaban furtivamente para fumarse un pitillo. Pero en zonas céntricas como la Praza Maior o Santo Domingo, la imagen constante era de haber acatado la pauta. De hecho, en una droguería del Paseo avisaban al entrar de que, en realidad, acceder con pantallas de PVC y no con mascarilla sería incumplir lo dictado. «El BOE indica que deben ser mascarillas, no algo similar», advertía una de las empleadas que controlaba el acceso en la entrada.

En una de las tiendas de Inditex que abrieron primero sus puertas durante el estado de alarma siguen controlando el aforo. «Dentro del local, si respetas la distancia de seguridad de dos metros, no precisarías llevarla. Aquí dentro solo pueden estar, como mucho, 19 personas. Ni una más», explicaba una trabajadora. Sin embargo, ella aboga por no perder el control fuera. En el Paseo, ya concurrido habitualmente antes de la epidemia, la apertura de los comercios y algunas terrazas ha conseguido recuperar el pulso de actividad. Y sin llegar a ser un hormiguero de vecinos, la estampa sí se va pareciendo más a la clásica. 

«Hubo algunos apercibimientos, pero intentamos concienciar»

Dos auxiliares de la Policía Local que patrullaban por las inmediaciones del Concello afirmaban haber realizado ya algunos apercibimientos a ciudadanos que no llevaban protección facial. «La mayoría ha respondido bien, aunque siempre hay quien la lleva en el bolsillo. Hemos intentado concienciar porque no todos comprenden bien lo de la distancia de seguridad y es fundamental», decían. En todo caso, las fuerzas de seguridad concretan que el perfil de edad de los que no la llevaban este jueves no era homogéneo, sino casos más puntuales de personas que seguramente aún no las habían adquirido.

Esperanza Domínguez, vecina de Castro Caldelas con domicilio en Ourense, también notaba un cambio con relación a semanas anteriores. «A diferencia de días previos, hoy he visto a más personas con ella puesta. Antes, igual no la tenían ni el 50 % de los que veías por la calle. Pero creo que ahora, la gente no quiere que le caiga una multa o le llamen la atención», razonaba cerca del parque de San Lázaro.

Cándido Barbosa, que venía caminando desde O Couto pasando por la avenida de Portugal y Ervedelo, reafirmaba esta teoría. «¡Es que hay que llevarla a la fuerza, chaval!», exclamaba. Y añadía: «Hasta se la vi puesta a algún niño pequeño». Cerca de allí, Jose se sentaba en uno de los bancos del Paseo junta a su hija Candela, de dos años y medio. Él sostenía en sus manos una mascarilla infantil con algunos dibujos. Y Candela, que vigilaba a los recién llegados bajándose las gafas de sol al más puro estilo Clint Eastwood, se removía en el carricoche. «Hay días en las que la aguanta más y otro en los que menos», asumía su padre. Este jueves, era de los que no.

La advertencia de Constantino Rivera

En el parque de la plaza de Eugenio Montes barría Constantino Rivera, empleado del servicio de limpieza municipal. Llevaba en pie desde las seis de la mañana, y su recorrido de las últimas semanas deja también testimonios del incivismo. «Me he encontrado muchas mascarillas tiradas, algunas junto a las papeleras. Y a la vista impone un poco, pero al verlas junto a la basura mucho más», decía. Aún estos días se repetía la escena en algunos parques, según cuenta, «y sorprende porque durante el pico más alto del estado de alarma veías muchas menos, también porque no había tantas en las farmacias y la gente apenas bajaba, pero al volver todos a la calle...», contaba. 

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