La vida, otra vez, desde la ventana: «Fuimos responsables y dio igual»

SOCIEDAD

La catalana Carla se comunica a través de la ventana con su novio Rob (a su izquierda) y con su amigo Andy, al que hace unos días le confirmaron que tenía coronavirus
La catalana Carla se comunica a través de la ventana con su novio Rob (a su izquierda) y con su amigo Andy, al que hace unos días le confirmaron que tenía coronavirus

Carla está, junto a otros cinco turistas, aislada en la residencia de estudiantes del Centro Superior de Hostelería de Galicia, en Santiago

12 ago 2020 . Actualizado a las 07:41 h.

Recuerdan al mes de abril las cifras de contagios por coronavirus a las que se enfrenta ahora España. También que Fernando Simón sea el centro de atención informativo —y mediático—, y que los grupos de WhatsApp vuelvan a coger oxígeno abrazando sin pudor la difusión de rumores a través de cadenas de mensajes. Pero para algunos, este dejà vu se ha convertido de verdad en el día de la marmota porque, otra vez, están encerrados. Le ocurre a la catalana Carla, a su novio Rob y a su amigo Andy. Pero también a otros tres chicos madrileños con los que comparten alojamiento en la residencia de estudiantes del Centro Superior de Hostelería de Galicia (Santiago), lugar que, como explican fuentes de la Consellería de Cultura e Turismo, «non funciona como un lugar de illamento para turistas, senón que emprégase para atender casos puntuais».

Efectivamente, Carla es uno de esos casos puntuales. Hoy habrá pasado su sexto día sola en una habitación, comunicándose con sus seres queridos exclusivamente a través de la ventana. Con 34 años, se planteó el verano como cualquier chica de su edad en tiempos del covid: viajando por España y evitando, en la medida de lo posible, que pasase lo que finalmente sucedió. Llegó a Galicia con Rob y Andy en caravana, que hacía las veces de hotel «porque intentamos ser responsables y limitar el contacto con otra gente»; pero sus caminos se separaron cuando ella acabó la ruta en la casa que su familia tiene en Viveiro y los chicos se fueron a Valdoviño para hacer surf. En el reencuentro, de nuevo en A Mariña, Andy ya no se encontraba bien. «Unas semanas antes del viaje había estado enfermo, justo le hicieron una PCR y dio negativa; no tenemos ni idea de dónde se pudo contagiar». El caso es que sí, a Andy le confirmaron en el hospital da Costa, en Burela, que tenía coronavirus. En ese momento todo se truncó.

«Acabamos los tres en una furgoneta de camino a Santiago, Andy con covid-19 y mi novio y yo con resultados negativos, pero ahora no sé si estoy contagiada», explica para empezar a narrar que tras varios días en cuarentena se siente «menos guerrillera» porque, reconoce: «Aquí nos están tratando muy bien». La vida de Carla hasta el día 19 se limita, como en un pasado nada lejano, «a leer, a hacer algo de deporte y estar con la tablet. Además de hablar con Rob y Andy por la ventana». Es de nuevo esa abertura al mundo la que le permite enterarse del estado de salud de su amigo, que «se encuentra regular, le duele la cabeza, tiene náuseas...» y de los madrileños que también están aislados en esta residencia. Uno de ellos se contagió en una casa turística de Meis.