Brandomil, la aldea del oro de los romanos

En Brandomil todo recuerda a los romanos, que llegaron a este lugar de Zas para llevarse su oro. Pondal personalizó el topónimo convirtiéndolo en un héroe celta y lo enterró en el dolmen de Arca da Piosa.


Está a la orilla del río Xallas, en la cola del embalse de Fervenza. Un lugar en el que en agosto aún es posible ver algún cuco antes de arrancar vuelo hacia su retiro invernal. Un castro testimonia que ya antes de los romanos allí tenían vida junto a las aguas tranquilas xalleiras. Historiadores y arqueólogos dicen que en este lugar de la frontera entre Xallas y Soneira estuvo la mansión Grandimiro y que por allí pasaba la Per Loca Marítima del itinerario de Antonino. Otros lo discuten. Lo recuerdan profusamente Xosé María Lema y Evaristo Domínguez en un libro enciclopédico de las parroquias de Zas que fue presentado esta misma semana.

Sea o no sea, el puente medieval que se conserva en el lugar da la medida exacta de la grandiosidad de su pasado. El paso sobre el rio que muere en cascada en O Ézaro estuvo a punto de perderse en una riada de 1989, pero lo restauraron cuatro años después.

Sin embargo, lo que más asombra de Brandomil es que las eras, las huertas y los jardines de las casas de la parroquia están plagadas de capiteles y basas de columnas, fustes de diversos tamaños, trozos de laudas, restos de arcos y molinos, frontones funerarios y hasta un miliario, entre otros elementos arquitectónicos típicos del imperio. Muchos de ellos son utilizados como puntos de acceso para los hórreos, la mejor muestra de reconversión de piezas de museo en útiles agrarios. Toda la aldea está asentada sobre una pequeña ciudad de los tiempos de la Roma clásica. Los arados, las azadas y demás herramientas agrarias fueron levantando fragmentos que bien merecerían estar en salas de exposición.

Ya se han encontrado casi media docena de aras votivas, algunas de ellas dedicadas a deidades como Coso y Fortuna, o a los Lares Viales, en este caso reutilizada en la cocina de la casa rectoral. Algunas llegaron a museos, otras acabaron en la iglesia o su entorno, y alguna más, en los alpendres y desvanes del vecindario. En la esquina del atrio parroquial luce un gran capitel convertido en florero.

En el 2007 se llevó a cabo una excavación dirigida por Juan Naveira. No tuvo continuidad, pero los trabajos revelaron la importancia del asentamiento romano, uno de los más importantes de la provincia. El pasado año hubo otra campaña, en este caso de Lino Gorgoso, y las catas evidenciaron una vía «empedrada de gran tamaño», de hasta unos cinco metros de ancho. No será la discutida Per Loca Marítima, pero parecer lo parece.

Los vecinos han constituido una fundación para dar luz a su pasado y a la ciudad hundida bajo sus casas y sus huertas. Incluso los legendarios túneles de otros lugares con siglos de peso se convierten en realidad en este caso. Hay uno que da a una huerta que alimenta todos los misterios de esta localidad.

En Brandomil, que está en el camino hacia Muxía, sacaron oro los romanos y lo intentaron otros en siglos más recientes. En Limideiro lavaban el mineral y queda una laguna en la que, según la técnica de Turismo, Tania Carreira, los viejos del lugar dicen que hay unas escaleras de oro que bajan al fondo. Para otros la profundidad es ilimitada y alguno más asegura que abajo hay una cazuela áurea que se puede ver en los días claros.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
17 votos
Comentarios

Brandomil, la aldea del oro de los romanos