
El calor anima a los habitantes del país transalpino a irse a vivir a la montaña
14 ago 2023 . Actualizado a las 05:00 h.Para los italianos de más de sesenta años, el nombre de Recoaro Terme (unos cien kilómetros al noroeste de Venecia) evoca algo especial. Muchas veces, en los años sesenta y setenta, se celebraron aquí las finales del Cantagiro, un festival itinerante que hizo historia en la música italiana. En la época en que el país transalpino era una de las economías más dinámicas del mundo, era un destino de descanso popular entre altos directivos, artistas y periodistas, que elegían esta estación balnearia de los Alpes, punto de partida de excursiones a los Dolomitas, para ponerse en forma. Y en la Belle Époque, aristócratas, intelectuales como el filósofo Friedrich Nietzsche e incluso monarcas solían disfrutar de las aguas termales de esta localidad. La elegante Villa Tonello, donde se alojó la reina italiana Margherita di Savoia (la misma a la que debe su nombre la famosa pizza) es un vestigio de aquella época dorada.
Recoaro Terme está situado en un valle boscoso apreciado por su aire puro y sus excelentes aguas, llamado Conca di Smeraldo (Cuenca esmeralda). En los años sesenta, Recoaro Terme contaba con casi nueve mil habitantes y había muchos jóvenes; hoy en día tiene seis mil, y por sus calles se ven sobre todo personas mayores. Muchos hoteles del pasado llevan años cerrados, varios locales están vacíos y hace unas semanas, según cuenta un vecino a La Voz, también ha cesado su actividad una tienda de productos gourmet.
Pero, poco a poco, el pueblo está recobrando vida. El número de turistas está volviendo a crecer, y con los fondos del Plan de Recuperación se quiere volver a poner en marcha el centro termal. «Estoy pensando en comprar una casita aquí», dice a La Voz Alberto, un médico que vive en un pueblo cercano a Venecia: «Hay mucha naturaleza y se está más fresco que en la ciudad».
Interés inmobiliario
Recoaro Terme está a casi quinientos metros sobre el nivel del mar, y desde allí es fácil llegar a lugares situados a mayor altitud. Pero no solo este pueblo ha renacido tras la pandemia. Es una tendencia que afecta a todo el país transalpino. Según una encuesta publicada a principios de año, a uno de cada diez italianos le gustaría trasladarse a la montaña, y dos de cada diez podrían hacerlo con «bastante probabilidad».
De hecho, los periódicos señalan a menudo un aumento de la compra de inmuebles en las zonas de montaña. Por ejemplo, empresarios, deportistas y profesionales que viven en grandes ciudades de la llanura padana (norte de Italia), muy industrializada pero también muy contaminada, están comprando casas en la meseta de Asiago, a 100 kilómetros de Venecia y a unos mil metros sobre el nivel del mar. Varios agentes inmobiliarios con los que ha hablado La Voz confirman que clientes acomodados, muchos de los cuales ya tienen casas en Venecia, Roma o Londres, acuden a ellos para invertir en la montaña.
Este nuevo interés se debe a varias razones. En primer lugar, la pandemia ha hecho que muchos italianos hayan redescubierto su amor por la naturaleza. Y la difusión del smart working permite trabajar incluso desde pequeños pueblos, sobre todo a profesionales y artistas. Además, está el terrible calor provocado por el cambio climático, que afecta cada verano a grandes ciudades como Milán. En los pueblos de los Alpes o los Apeninos, el aire es sano y apenas hay mosquitos, que sí infestan las ciudades del norte. Pero quienes huyen del estrés de la vida urbana también aprecian el silencio y la tranquilidad de los que se disfruta en pueblos como Recoaro Terme. Y, otra cosa muy importante, en las localidades de montaña de Italia se come muy bien.