Concluida la promoción nacional de «Antes de que todo cambie», el autor pontevedrés disfruta de un verano especial al ser el primero en su casa de Bueu
04 ago 2026 . Actualizado a las 10:37 h.El verano evoca en el escritor pontevedrés Manel Loureiro — que acaba de terminar la promoción a nivel nacional de su novela Antes de que todo cambie— «jornadas interminables, familia, sol y fantasía. Era el momento en el que aquel niño vivía aventuras increíbles, muchas veces con su imaginación, porque parte de su verano lo pasaba en Cotobade, en la casa familiar, en sus raíces, «y es verdad que allí no había muchos niños». «Era un niño que estaba solo y que tenía que desarrollar mucho su imaginación para pasar las horas —explica—. Y también recuerdo la playa, amigos... Verano es relax. Y eso que yo soy un animal de invierno».
—¿Cómo han cambiado esos veranos de niño a los de adulto?
—Ahora, de repente, soy el que tiene que vigilar a mis propios hijos. El mayor es un adolescente de 14 años y ahora soy taxista. Tengo un servicio de Papify. Está Uber, está Cabify y está Papify. Veo los veranos de distinta manera, y este está siendo especial porque es el primero en mi casa nueva en Bueu, con lo cual lo estoy disfrutando un montón.
—Y Beluso, ¿con qué asocia este entorno?
—Lo asocio a mi adolescencia. Yo venía aquí con mis amigos desde el muelle a pescar por la noche. Beluso es A Centoleira, un sitio donde he venido a comer infinidad de veces... y Beluso ahora es mi hogar.
—¿Cómo ha sido esta suerte de regreso a su adolescencia?
—Hay una especie de nostalgia y un espejo distorsionado. De repente, cuando vuelves a un sitio donde has sido muy feliz muchos años después, te das cuenta de que algunos recuerdos se corresponden con la realidad y otros han sido modificados por el tiempo. Hay cosas que están mejor, otras han desaparecido y, en el fondo, hay esa sensación perenne de nostalgia que es maravillosa.
—¿Y qué echa de menos con respecto a aquellos veranos?
—Lo que echo de menos es tener cuarenta años menos, la energía infinita que tienes cuando eres un adolescente, que nunca estás cansado, que todos los días te levantas y es un día nuevo y maravilloso. Eso es lo que echo de menos. Echo de menos tener esa energía. Lo demás, no.
—¿Para un escritor hay vacaciones? ¿Hay momento para pararse a descansar?
—Nunca. Siempre he dicho que este es un trabajo en el que no te jubilas jamás, que vas a estar escribiendo hasta el día en que no puedas. Incluso aunque no estés escribiendo, aunque estés en ese momento —como estoy yo ahora— de cargar pilas, de haber terminado la promoción, de haber pasado un momento de muchísimo estrés, de muchísimos viajes, de estar en ese hiato de tiempo antes de hacer la promoción de Sudamérica, que es agotadora... Incluso, en este momento de relax y descanso, la cabeza no para. Siempre estás maquinando, cocinando ideas que, al final, algunas acaban transformándose en cosas que escribes y otras no. Y este verano es particular porque estoy con varios desarrollos audiovisuales en marcha y tienen que estar listos para septiembre porque los plazos son muy ajustados.
—Y después de las vacaciones, ¿qué toca?
—Después de las vacaciones, la promoción en Iberoamérica, que es larga y son muchos países en varias semanas; también se estrena la siguiente película de Apocalipsis Z en Prime Video el 31 de octubre; después de las vacaciones empieza el desarrollo de la serie de Cuando la tormenta pase para una plataforma —además de otras dos para sendas plataformas—, y empiezo a montar las bases del siguiente libro. Tengo muy claro cuál es y estoy deseando empezar a escribir. Tengo dos hijos preadolescentes, bastante bien estoy para cómo podría estar.