El ocaso del ocio nocturno: «No nos gusta ir a pubs y discotecas, queremos bares donde poder hablar»

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

SOCIEDAD

Tres jóvenes que se estrenan este año en Pontevedra como universitarios y que no prevén salir de fiesta a pubs y discotecas.
Tres jóvenes que se estrenan este año en Pontevedra como universitarios y que no prevén salir de fiesta a pubs y discotecas. Ramón Leiro

Estudiantes universitarios, con rutinas muy distintas, explican por qué para ellos salir de fiesta ya no es la religión que profesaban otras generaciones

13 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace unos años, en una boda en la que una amiga le leía un discurso a la novia y compañera suya de la universidad, le decía algo así como que pensar en ella era recordar un tiempo en el que en el calendario existían los jueves y no los viernes. En esa frase seguramente se reconozcan muchas generaciones de estudiantes para las que salir de fiesta los jueves era una religión. Al igual que repetir la canción los sábados, y hasta en algún caso extremo hacer triplete con los viernes. Ahora los locales de ocio nocturno languidecen y parece que se sale menos y se consume menos alcohol. ¿Es así? Nada mejor que hacer la prueba del algodón en un campus, el de Pontevedra, y preguntarles a dos pandillas con rutinas diferenciadas para saber qué se cuece en su ocio. Cuentan cosas muy distintas. Todos hablan de que no tienen dinero. Pero algunos narran más cosas, como que los pubs y discotecas ya no encajan con sus gustos, como parecía que sí pasaba con las generaciones pretéritas.

Robin, que es de Val Miñor, llega a la facultad de Comunicación de Pontevedra acompañada de dos amigos: Víctor, de Vigo y de 23 años; y Marina, de 20, de Lugo. Los tres se conocieron en un ciclo de realización audiovisual y ahora afrontan juntos su primer año universitario. No preguntaron, de momento, si en Pontevedra hay muchos pubs y discotecas. No les importa demasiado. ¿Por qué? Víctor toma la palabra: «Hay un problema de costes, consumir en los locales cuesta bastante dinero, sale mucho más barato quedarte en casa, aunque tomes ahí alguna copa con los amigos. Aún así creo que bebemos menos alcohol del que se bebía antes. Pero es que además lo de ir de pubs... es un bajón. No nos convencen. Robin da la clave: «No nos gusta ir a pubs y discotecas, queremos bares donde poder hablar. Nos gusta escucharnos».

¿Y la música? Los tres asumen que les encanta, pero no para bailarla, sino para escucharla o en conciertos. Además, según indican, «lo que ponen en los pubs no es precisamente lo que nos gusta; lo que más hay es reguetón».

Los tres coinciden en que, si van a beber alcohol, mejor lo hacen en casa o en un bar convencional porque, de lo contrario, no podrían pagarlo: «Salir de fiesta es un privilegio, no tenemos dinero para pagar copas», espeta Robin. Los tres confiesan que miran bien el bolsillo porque necesitan ahorrar. El mayor, Víctor, trabaja en una productora para pagarse la carrera y la habitación que alquiló en Pontevedra a razón de 280 euros mensuales. Y Robin y Marina, las veinteañeras, dicen que intentan mantenerse únicamente con la beca y que, si tiran de sus familias, es para cosas como sacar el carné de conducir. Marina no prevé que le llegue, así que cuenta con trabajar en hostelería. «Es algo que sí puedo combinar con las clases y así tengo algo más de ahorros», indica. 

Estos universitarios, todos ellos estudiantes de Publicidad y Relaciones Públicas en Pontevedra, sí disfrutan saliendo de fiesta.
Estos universitarios, todos ellos estudiantes de Publicidad y Relaciones Públicas en Pontevedra, sí disfrutan saliendo de fiesta. Ramón Leiro

«Solo nos abre un local»

La otra cara de la moneda es una segunda pandilla de jóvenes universitarios ya veteranos en Pontevedra. Se llaman Rodri, Lucía, Hugo, Sara, Laura y Lara, tienen todos 21 años y, al unísono, dicen: «A nosotros sí nos gusta salir, en este grupo somos nocturnos. Si lo hacemos menos que otras generaciones será porque no hay dinero», indican. Luego explican que lo que suelen hacer los jueves universitarios es concentrarse en un piso —ahora se llama «previa» lo que antes se denominaba botellón en casa— y a última hora acuden a una discoteca. Dicen que en la ciudad del Lérez, al menos los jueves, se topan con un problema: «Solo nos abre un local, está todo prácticamente cerrado, las opciones que tenemos para salir son mínimas».

A ellos sí les divierte bailar, aunque a veces no les guste la música comercial que suena. Y les parece «muy, muy caro» el precio de las copas. «Cuestan unos ocho euros, la verdad es que sí nos parece caro, al menos para el dinero que tenemos nosotros», indican con un argumento que, posiblemente, refutarían también quienes, en los ochenta, los noventa y los dos mil llenaban las calles de las ciudades universitarias gallegas, sobre todo las de Santiago. La diferencia es que, con el bolsillo vacío, antes se empeñaban en ir de bares igual. Ahora parece que no tanto.