Una coruñesa sigue durante catorce horas diarias las versiones española y alemana del popular programa «Gran Hermano» es inocuo. Sin necesidad de apoyo psicológico, una coruñesa se ha expuesto durante catorce horas diarias a las versiones española y alemana del popular programa. Se llama Carmen María Conde. Le llaman la «gran hermana». El 1 de marzo se enganchó a la versión germana. Hace 47 días, a la española. «Espía» desde la una hasta las cuatro de la madrugada. Ayer, la vida de Carmen cambió: concluyó el programa germano. «A ver qué hago, qué me busco, cuando acabe el español», dice.
09 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Por la mañana, trabaja cuidando críos, pero no desconecta. «Me pongo el programa de María Teresa Campos para irme enterando de lo que pasa en la casa», explica Carmen. A la una de la tarde, comienza el maratón televisivo. Carmen acampa en el salón de su casa ante un par de televisores. Sus conocimientos de alemán le permiten el doble seguimiento. No descuida las cosas de casa _«puedo planchar y demás mientras veo las teles»_ y tampoco a la familia: «Mi marido y mi hijo siguen los programas conmigo, aunque no durante tantas horas». Intercambia pareceres con ellos y también con otros granhermanistas, los que llaman al chat telefónico del programa.