Un «viejo gruñón»

JESÚS MARTIN MADRID

TELEVISIÓN

Walter Matthau, fallecido este fin de semana, fue uno de los mejores secundarios de Hollywood Esperpéntico, irascible, de rostro bonachón y sumamente ácido en sus interpretaciones, Walter Matthau _muerto de un ataque al corazón este fin de semana_ fue uno de los actores de su generación que mejor supo explotar sus atributos naturales para hacer creíbles sus singulares encarnaciones cinematográficas. Nacido en la parte baja del East Side neoyorquino, la infancia del protagonista de «En bandeja de plata» estuvo marcada por una desmedida afición al teatro, aunque fuera en «yiddish».

02 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Debutante en las artes escénicas a la edad de once años, mientras tenía que ganar unos dólares ayudando a su familia con la venta de botellas de refrescos en un establecimiento vecinal, la capacidad de diversión fue lo que enganchó a Matthau para que decidiera dedicarse por entero al mundillo de las bambalinas. Sin optar en un primer momento por el cine, la capacidad para desmelenarse en presencia del público y para oír sus risas en vivo y en directo le llevó a iniciar su carrera en los escenarios de Broadway. Sin embargo, este peculiar actor nacido en el seno de una familia procedente de Rusia nunca perdió la esperanza de hacerse con una oportunidad en el deslumbrante Hollywood. Sin prisa pero sin pausa, Matthau esperó a tener 35 años para hacer su primera incursión en el mundo del cine casi por la puerta de atrás. Hasta el momento, mucho teatro y algún que otro trabajillo extra en el campo periodístico le granjearon el dinerillo suficiente para llevarse algo a la boca a la hora de cenar y para trabar amistades importantes con dramaturgos y guionistas. «El luchador indio» La película con la que debutó Matthau en la pantalla grande, El luchador indio (1955) pasó desapercibida tanto para el público como para la crítica, pero le ayudó a firmar un primer contrato con un gran estudio cinematográfico. El western fue el género que le abrió las puertas del séptimo arte y a él perteneció su primera actuación de cierta relevancia. Esta ocasión se produjo también en 1955 con la película El hombre de Kentucky, y en ella el actor interpretaba con gran convicción el papel de un pistolero. El notable éxito logrado con su interpretación de malvado hizo que Matthau empezara a ser demandado para dar vida a personajes considerados como los antagonistas del protagonista. Secundario por vocación, Charada, junto a Cary Grant y Audrey Hepburn, fue la confirmación del cómico del ceño fruncido en el mundo de séptimo arte. Este reconocimiento se vio recompensado en 1966 cuando Matthau logró hacerse con el Oscar al mejor actor secundario por En bandeja de plata. Era la primera colaboración del actor Jack Lemmon y el cineasta Billy Wilder. El éxito sin precedentes de la pareja cómica Matthau-Lemmon hizo que ambos se volvieran a ver las caras, de nuevo con Wilder en la dirección, en La extraña pareja (1968). Como en pocas ocasiones anteriores, el dúo de actores derrochaba sarcasmo y un conocimiento mutuo tal que convertía a Walter Matthau en el perfecto alter ego de Jack Lemmon. Un gran tándem Como si de una especie más ácida de Laurel & Hardy se tratara, el tándem Lemmon-Matthau volvió a coincidir en seis ocasiones más, de las que destacaron las últimas colaboraciones realizadas durante la década de los noventa. Primera Plana (1975), JFK (1991), Dos viejos gruñones I y II (1993 y 1995), El harpa de hierba (1996) y La extraña pareja II (1988) fueron los títulos más llamativos de dos actores condenados a entenderse y que elevaron a los altares de la fama cinematográfica las continuas peleas y discusiones. Desmejorado y débil, su última aparición en la película Colgadas (1999) fue el testamento de un hombre divertido que supo reírse de sí mismo.