El escritor, que ya prepara el discurso del Cervantes, considera que la polémica no daña la imagen del premio Tranquilo, relajado, como si todo lo que se ha dicho estos días sobre la concesión del Premio Cervantes no fuera con él, Francisco Umbral ignora «por qué se ha montado este lío» y asegura de forma tajante que la polémica «no daña la imagen» del prestigioso galardón ni la suya. «Aquí me tienes, tan normal», afirma Umbral en su «dacha» de Majadahonda, en una entrevista en la que no quiere echar más leña al fuego. Entiende que las cosas está más calmadas porque «se han dado cuenta que se han pasado».
24 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.«Si llevo más de cuarenta años metido en la fatigosa vida literaria, cómo no voy a aguantar tres días alimentando la tinta de los periódicos; me da igual», asegura este provocador nato capaz de escribir la prosa más poética y de poseer, a la vez, la lengua más mordaz. Umbral cree que los comentarios que se han vertido estos días desde algunos medios de comunicación, e incluso, por parte de escritores y partidos políticos, se han «calmado y reposado», porque, a su juicio, «se han dado cuenta de que se han pasado». Asegura que no se arrepiente de ninguna de las frases que dijo tras saber que le habían concedido el Premio. «No me arrepiento de nada, lo que sí puedo decir es que se ha falseado a algún interlocutor y le han adjudicado palabras que son de otro». Francisco Umbral, autor de casi un centenar de obras, ya está pensando en el discurso que leerá en la entrega del Cervantes el próximo 23 de abril ante los Reyes, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. «Tengo varios temas en mente -dice-, pero lo más probable es que me decida por escribir sobre la novela como compromiso burgués, porque la novela es un producto para la burguesía; la aristocracia no las lee y los obreros, tampoco». El escritor prepara un nuevo libro que saldrá a la calle coincidiendo con la entrega del Cervantes. Se trata de un diario «íntimo, complejo», que llevará por título Un ser de lejanía.