Kirk Douglas afirma en Berlín que «no hay que abandonar nunca»

CARMEN VALERO BERLIN

TELEVISIÓN

ARND WIEGMANN

El festival rinde hoy un homenaje al protagonista de películas como «Espartaco» o «Senderos de gloria» El rubio galán del hoyuelo en la barbilla, el inolvidable «Espartaco», el «Hombre sin estrella», el coronel Dox de «Senderos de Gloria» llegó a Berlín. «He tenido la suerte de interpretar todo tipo de personajes y de trabajar con los directores más prestigiosos. ¿De dónde he sacado tanta energía? El secreto está en mi lema: No hay que abandonar nunca», declaró ayer Kirk Douglas. El Festival de Cine de Berlín le rinde hoy un homenaje, a este actor de 84 años, saldando una deuda de muchos años.

15 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Simpático, con su poblada cabellera blanca y su todavía buena planta, Kirk Douglas intentó saciar la curiosidad de los numerosos periodistas con voz pausada y a veces fatigosa: «Desde que tuve la trombosis hablo más lentamente y con dificultad». Prosiguió: «Les voy a contar una anécdota. Como saben, mi hijo Michael se casó hace poco con Catherine Zeta-Jones. Michael le preguntó en la boda si era consciente de que se casaba con alguien que genéticamente estaba programado para vivir muchos años, pues su padre, yo, ha sobrevivido hasta a un accidente de helicóptero». Douglas tuvo palabras de elogio para los directores con los que ha trabajado, entre los que destacó a Billy Wilder, Howard Hawks, John Huston, Brian de Palma, Kubrick y Vicente Minelli. «Cuando rodaba con Minelli siempre había una niña de ojos muy grandes correteando por el plató. Era Liza Minelli», dijo. Sobre el cine de ahora, criticó su exceso de efectos especiales y violencia: «En mis tiempos, si había que matar a alguien se sacaba una pistola y punto. Ahora se usan metralletas y todo tipo de artilugios que, además, no siempre dan el resultado esperado». Añadió Douglas: «Tengo que confesar que en la vida real también me revelo contra la tecnología. No tengo ordenador y tampoco uso el Mercedes que compré por empeño de mi mujer, porque cuando me puse al volante el coche me preguntaba cosas. Y yo no quiero un coche que hable».