LA GRAN NOCHE DEL CINE La Academia apostó por todos menos por Bardem. «Gladiator» triunfó por la mínima y sumó cinco estatuillas de doce posibles. «Traffic» logró cuatro de cinco, mientras que «Tigre y dragón» se llevó otros cuatro de diez nominaciones. El reparto fue un tanto extraño y la mejor película, «Gladiator», no coincidió con el mejor director, Steven Soderberg por «Traffic». Russel Crowe dejó a Bardem con la miel en los labios y Julia Roberts, muy nerviosa en su discurso, cumplió el pronóstico. El toque latino lo puso Benicio del Toro, mejor secundario. Marcia Gay Harden dio la sorpresa total como mejor secundaria. La gala fue rápida e insulsa.
26 mar 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Fue una noche de los Oscar demasiado funcional. Hubo regalos para todos. Glamour, el justo. La alfombra roja sólo rompió corazones con el vestido transparente de Jennifer López y con el pelo corto de Tom Cruise. Javier Bardem puso la nota española y confesó estar «de resaca» para llevarlo mejor. Bromeó con un «esto es Hollywud» de dibujos animados. Steve Martin fue el hombre de los chistes. Hizo soñar a los españoles cuando tuvo una mención para nuestro candidato. Más tarde en la presentación de la canción de Bjork (por Dios, horrible su vestido de cisne muerto), Winona Ryder nos desbocó el corazón al decir que «estoy aquí por Javier Bardem». Demasiadas menciones, ¿habría posibilidades? Única sorpresa La primera y única sorpresa con mayúsculas fue en el primer Oscar importante que se entregó. Marcia Gay Harden (la de Muerte entre las flores) adelantó por la derecha a rivales con más solera y se llevó el premio a la mejor secundaria por su papel de mujer del pintor Pollock. ¿Otra premoción para el hombre los huevos de oro? Caían los Oscar con menos gancho y empezaba el reparto numérico entre las tres favoritas: Gladiator, Trigre y dragón y Traffic. Para la de romanos, efectos especiales, vestuario y sonido; para la china, banda sonora (otra vez cara de tonto para Morricone), dirección artística y fotografía; y para la de las drogas, montaje y guión adaptado. Menos premios, de momento, para la última, pero de mayor calado. Penélope Cruz no gritó «Peeedro» y se ciñó al guión para entregar el mejor vestuario a Gladiator. El maquillaje se fue para El Grinch, mientras que el montaje sonoro lo disfrutó U-571. Durante todo este bombardeo de galardones, paso ágil (¿querían el televisor que la organización regalaría al más breve?) y poca emoción. No parecía Hollywood. Sería un gris negociado de fama. El realizador tiró mucho del plano de Douglas y esposa y del de Dustin Hoffmann, ante la clamorosa ausencia de algunos clásicos en el patio de butacas. ¿Dónde estaban Jack Nicholson, Al Pacino, Harrison Ford, Robert de Niro, Meryl Streep, Nicole Kidman, Susan Sarandon...? La noche se iba a velocidad de vértigo, mientras Bob Dylan se llevaba el galardón a la mejor canción por un tema de Jóvenes prodigiosos. El guión original era para Cameron Crowe por Casi famosos. Crowe recordó a lo Trueba al maestro Billy Wilder. No hubo lágrimas ni en el Irvign Thalberg para Dino de Laurentis ni en el honorífico para Ernest Lehman. Los cantados Benicio del Toro se quedó el segundo de los grandes. ¿Habría doblete latino con Bardem? Tigre y dragón cumplía pronóstico y sumaba su cuarta estatuilla como mejor película extranjera. Hollywood se ajustaba más que nunca al guión en el sprint final y cantaba sus últimas loterías con las apuestas seguras: Russell Crowe, Julia Roberts, Steven Soderbergh y Gladiator. Todos contentos, hasta Javier Bardem que soñó un rato con las menciones de Steve Martin y Winona Ryder, aunque sabía que lo importante, el premio, era participar. Steven Soderbergh tuvo una dedicatoria sentida «a todos los que crean, literatura, cine, pintura, ballet, lo que sea». No le hubiese venido mal a los planificadores de la Academia un poco más de creación a la gala más rápida e insulsa de las que se recuerdan.