Woody Allen puede pasar por el arquetipo del genuino neoyorquino. Un ciudadano anodino, oscuro. Perfectamente adaptado al ritmo infernal y a los inconvenientes de una ciudad monstruosa. Pero esa adaptación es sólo aparente, debajo de la capa de calma, los habitantes de Nueva York desarrollan todo tipo de neurosis que, entre otras cosas, hacen que para ellos la figura del psicoanalista sea tan familiar como la estatua de la Libertad. Woody es uno de ellos y lo refleja en su vida privada, espantando fantasmas con su clarinete y sus amigos. Pero, sobre todo, lo hace en su obra cinematográfica en la que Nueva York, junto con el sexo, son temas recurrentes. Ahora, Allen prepara su siguiente película, Small Time Crooks, en la que compartirá cartel con Erica Leerhsen y Téa Leoni. Está previsto que el filme se estrenará en la primavera del 2002.