UN DETECTIVE A RECORDAR

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TELEVISIÓN

MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ CRÍTICA DE CINE / EL JURAMENTO

09 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Con El juramento, Sean Penn advierte que estamos ante otro director que sumar a la nutrida galería de actores que se pasan a detrás de las cámaras pero en el grupo de altura, allí donde reinan nombres como Clint Eastwood o Robert Redford. Hay en esta nueva versión de la novela de Friedrich Durrenmatt cuerdas bien tensadas para una sinfonía del mejor cine negro, en la tradición que directores como Siegel, Fleischer o Aldrich tocaron alguna vez a lo largo de su carrera, bajo constantes que son comunes y se pueden rastrear en una película densa y compleja, en absoluto tópica, que además se permite el lujo de no claudicar ante las imposiciones del mercado. Vamos, que nada pintan los que van a las salas a comer palomitas, aunque sí mucho quienes prefieran el cine de altos vuelos. Último día del detective La historia arranca en el que debiera ser el último día laboral de un detective. Sin embargo, la aparición del cadáver de una niña asesinada trastoca todos estos planes, y despierta de nuevo el instinto del policía, que se embarca en la caza del culpable. Cierto que El cebo de nuestro Ladislao Vajda (la anterior versión de la novela, que está fechada en 1958) tiene otro encanto e incluso resultaba más impactante, pero Penn (que no es autor del guión) recrea con pulso firme y una caligrafía ciertamente brillantes. Sin embargo, se queda aún sin alcanzar el sobresaliente, quizá por haber preferido dejar zonas en la trama sin mucha luz para dar margen al espectador imaginativo. El desenlace provoca no poco desconcierto, pero es también una filigrana audaz que hará permanecer a la película colgada del tiempo.