EDUARDO GALÁN LA RUTA DE LAS ESTRELLAS
15 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.En España, decir Andrés Vicente Gómez viene a ser como decir productor de cine. Es, junto a Elías Querejeta, el más importante de las últimas décadas. Triunfó definitivamente con una curiosa y personal propuesta del haz el amor y no la guerra incivil. Aún le vemos, en marzo de 1994, allá en Hollywood, abrazado a Trueba, recibiendo el Oscar por Belle epoque, en plan tycoon yanqui con su smoking de magnate. Esta versión perversa de Mujercitas le sirvió como carta de presentación en todo el mundo. Y es que desde siempre le tiró la cosa internacional. Se hizo valedor de Orson Welles, produciéndole Fake, The other side of the wind y La isla del tesoro. A finales de los sesenta, ejerció, como distribuidor, de padre putativo del llamado cine de arte y ensayo. Aunque trabajó con casi todos los directores españoles conocidos, el niño de los ojos (no es un chiste fácil) de Andrés Vicente Gómez es Fernando Trueba, al que ha producido todas las películas. Además de Belle Epoque, el productor fraguó para su director Sé infiel y no mires con quién, El año de las luces, El sueño del mono loco, la aventura americana de Two much y La niña de tus ojos. Sus delirios internacionales le han impulsado a poner en pie las películas más caras del cine español como ElDorado, Libertarias y ahora Desafinado, hecha con estrellas americanas para vender en el mercado de los EE UU. Aunque también hay una parte oscura en el productor, la que le señala como dictador enrevesado y traficante de influencias. Esa leyenda es la que ha llevado a Victor Erice a salir despavorido del proyecto de El embrujo de Shangai y la que ha enfrentado a Gómez con otros colegas de profesión.