LA MODA TOMADA A GUASA

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TELEVISIÓN

CÉSAR WONENBURGER CRÍTICA DE CINE / ZOOLANDER

08 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Ben Stiller está marcado por su fama de actor cómico, que se forjó en Saturday night live, la mejor cantera de humoristas de Estados Unidos, de donde han salido, entre otros, los Belushi, Dan Aykroyd, Arsenio Hall, Steve Martin, los Wayans, ... Su mejor arma es la creación de personajes que hacen mofa de un determinado arquetipo social, situación o de un individuo en particular. En ese sentido, son conocidas sus mordaces recreaciones televisivas de Tom Crooze, un actor que admira a Tom Cruise, y de Derek Zoolander, el top model sin un gramo de cerebro que se inventó para la gala de los premios Vogue de hace cinco años. Stiller, que en su primera película como director, Bocados de realidad, se apartaba del camino del gag para intentar trazar el retrato de la Generación X, regresa ahora a la sátira, al convertir a Derek Zoolander en el protagonista de un filme sobre los excesos de la vanidad y la fama, centrado en el mundo del modelaje. Ya el maestro Robert Altman, del que estos días vuelve a hablarse por su Gosford Park, había intentado algo parecido en la irregular Prêt a porter, y Woody Allen, con mucho mayor acierto, fue en parte hasta al fondo de algunos de los asuntos que aquí se tratan en la soberbia Celebrity. A Stiller, en cambio, encasillado desde su aparición en Algo pasa con Mary, sólo parece interesarle el escaparate, lo obvio, y a través de un insignificante hilo argumental, se limita a encadenar una serie de bromas y tópicos a costa de la estupidez congénita de los modelos y del superficial entorno que los rodea. Si esto es la quintaesencia del humor inteligente -así nos lo quieren vender-, entonces, reivindiquemos también a los Morancos.