MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ CRÍTICA DE CINE / AMOR CIEGO
20 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.La sola mención de los hermanos Farrelly puede provocar un infarto triple al cinéfilo más purista o activar la úlcera de estómago del crítico que se tome en serio su trabajo. Cierto que, Bobby (director) y Peter (coguionista) Farrelly dieron motivos sobrados para resultar entronizados como reyes del humor-caca en su variante más escatológica, sin una pizca de inteligencia. En Algo pasa con Mary acertaron de pleno, pero el resto de su producción eran purgantes en formato celuloide contra la inteligencia. Menos mal que Amor ciego los devuelve al redil de la comedia según su peculiar punto de vista, pero sin recurrir al chiste grueso y al humor verdulero. Aquí sirven una burrada con salero. Una historia de amor dirigida a la yugular de los guaperas, porque Hal (Jack Black) es un tipo bajo y regordete, mientras Rosemary (Gwyneth Paltrow) es una chica sobradísima de kilos, casi un ballenato... Pero Cupido los lía y después de una serie de equívocos confirmará el sentido del título. Conste que previamente uno de esos gurús que salen por la tele habrá hinoptizado al chico para hacerle ver en ella una belleza que no tiene. Desmadre mesurado Los Farrelly optan por el desmadre mesurado, por el gag fácil pero mejor armado que en otras ocasiones, y por la marginación de fluidos, aerofagias y mamarrachadas. Su intención era servir un divertimento a sabiendas que no hará historia ni abrirá nuevos caminos en el género porque ellos mismos quemaron su fórmula hasta límites masocas. Esta vez no cabrean. Por eso, el cinéfilo conservará su corazón y el crítico, su estómago.