Perfil de David Linch

EDUARDO GALÁN

TELEVISIÓN

CORAZÓN SALVAJE

07 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Rasca en la superficie de cualquier cosa hermosa y encontrarás corrupción. Ésa es la premisa del cine de David Lynch, desde la irónica paranoia anti-paternidad de Cabeza borradora: un bebé puede ser la criatura babeante más horrible del mundo. La deformidad externa de sus freaks sugiere la maquillada malformación interna de la sociedad, como en El hombre elefante o la sangre en los labios rojos de Rosselllini en Terciopelo azul. En Lynch es decisivo el triángulo formado de la Bella, la Bestia y el Príncipe Azul. La Bestia está asociada al defecto físico y la enfermedad, como el inolvidable Dennis Hopper colgado del terciopelo azul y la máscara de oxígeno. O los ogros crueles de Carretera perdida y Terciopelo azul. Frente al Ogro está un Príncipe Azul igual de enfermo pero sin evidenciarlo. El Príncipe es David Lynch, personalizado en el actor Kyle Maclachlan. La Bella, arrebatadoramente sensual, tiene un corazón salvaje mezcla de represión y glotonería, mentirosa, abisal y sadomasoquista. Las princesas de Lynch son Isabella Rossellini y Patricia Arquette. Sin olvidar a la Lula-Laura Dern de Corazón Salvaje o Laura Palmer de Twin Peaks. Estilísticamente, Lynch se debe al primer cine de vanguardias (Dulac, Buñuel) y a las películas de Tod Browning, con muchos primeros planos en forma de inserto. Otra fuente es la pintura, de Goya a Magritte, pasando por Dalí. Todo sucede en bodegones y paisajes tipo movimiento Pánico. Los desiertos para agorafóbicos de Dune esconden grandes gusanos fálicos, al inframundo del subconsciente freudiano se accede a través del saco que tapa el rostro del hombre elefante y los pasillos interminables de Carretera perdida nos llevan al Laberinto.