Caza de brujas: todo por un premio

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GERARD JULIEN

24 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Todo vale para ganar un Oscar. Si no, que se lo digan a Russell Crowe. A medida que sus posibilidades de ganar una segunda estatuilla consecutiva han ido en aumento, la campaña contra el actor australiano y John Nash, el matemático al que da vida en Una mente maravillosa, no ha parado en los medios de comunicación. De Crowe se ha dicho de todo: que es un misógino insoportable y un borde, violento y grosero; de Nash, que la imagen edulcorada que de él se da en tiene poco que ver con un pasado en el que supuestamente llegó a cometer abusos sexuales y exhibicionismo. Algo parecido llegó a ocurrirle en 1990 a Gérard Depardieu, cuando parecía un firme candidato a la estatuilla por Cyrano de Bergerac. Mientras se ventilaban las votaciones, alguien filtró a la prensa que en su juventud el actor galo había sido acusado de violación. Luego se probó que el delito no había tenido lugar, pero el daño ya estaba hecho. Depardieu no ganó el Oscar, como tampoco lo hizo el británico Nigel Hawthorne por La Locura del rey Jorge. En su caso, el sambenito que tuvo que soportar fue su reconocida homosexualidad, mal vista, de puertas hacia afuera, en Hollywood. De hecho, este año ya se le ha advertido a la presentadora de la gala, Whoopi Goldebrg, que no se le ocurra hacer chistes sobre la «salida del armario» de la presentadora y actriz Roosie O''Donell.