En algunas de las últimas, más recientes películas made in Hollywood se aprecia un cierto cambio de actitud; un giro que seguramente no es ocioso, si tenemos en cuenta que el cine, ya desde sus inicios, se ha convertido en espejo de modas, costumbres y patrones de conducta que los espectadores, la sociedad entera, pueden llegar a adoptar a posteriori como si fueran la norma, lo cool, lo que está in. Anticipación En ese sentido, el cine más que reflejar lo que ocurre, lo anticipa: es la vida la que imita al arte, o a la mala televisión ¿que ya es casi toda¿, como dice Woody Allen. Otra cosa sería quién o quiénes imponen esta visión, los padres del modelo... En Kate y Leopold, a través de su protagonista, Meg Ryan, se observa esa tendencia actual que consiste en reprocharle a la mujer que en su lucha por la igualdad haya incorporado algunos de los peores rasgos del hombre: la competitividad laboral, el desprecio por las formas más elementales como pérdida de tiempo, la mercantilización de las relaciones humanas (tanto eres, tanto vales)... Años 50 Lo que no queda del todo claro en este discurso es si, sutilmente, lo que en realidad se le está proponiendo a la mujer, más que bajar la guardia, es el retorno a la cálida seguridad del hogar, como el lugar donde puede llegar a realizarse limpiamente sin sufrir una devaluación de su maltrecha femineidad. Algo de esto hay en el mensaje de Kate y Leopold, que, a cambio, y como complemento, también propone un regreso al hombre viril, protector, caballeroso, casi más padre que compañero. ¿Consistirá la nueva corrección política en un retorno a la pareja de los felices años 50?