LOS RIVALES

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14 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Antonio Salieri, funcionario recto, disciplinado, despacito y buena letra. Servil ante el poder, se granjeó distinciones, dinero. Vivió de su trabajo sin apreturas. Murió loco. En sus últimos años asistió al éxito póstumo de su rival, aquel Mozart capaz, sin esfuerzo, de componer una música viva, que emocionaba y dejaba al público sin aliento. Wolfgang Amadeus Mozart, desordenado, jugador, enamoradizo, se rebeló ante sus amos: el genio le desbordaba. Sólo creía en la superioridad que da el talento. Quiso ser independiente, servir a su inspiración y fracasó en procurarse una vida digna. Murió joven, la salud quebrada, y olvidado. Hoy su música se oye hasta en los aeropuertos. Para su jornada inaugural, el Festival Mozart reunió en un programa doble las óperas «Prima la música» (Salieri) y «El empresario teatral» (Mozart). Víctor Pablo intentó aportar chispa al divertimento del italiano, que tiene cosas mejores, y los cantantes ¿sobre todo ellas¿ estuvieron correctos. Pero la obra invitaba al bostezo. Lo de Mozart anuncia otra cosa. La disputa entre sopranos (la metaópera, ahora que está tan de moda la metaliteratura, el cine sobre el cine,...), con una estupenda Annick Massis, es una delicia. La vida se cuela libre entre los pentagramas mozartianos y llega hasta el oyente, que esboza una sonrisa cómplice. El genio se impone. Volvió a soprender la facilidad de la Sinfónica de Galicia para hablar distintos idiomas, y hacerlo siempre bien: de las espesuras brucknerianas a las sutiles transparencias de Mozart. Un ejemplo de ductilidad que el público premió con aplausos calurosos. FESTIVAL MOZART. Obras de Salieri y Mozart. Sinfónica de Galicia. Víctor Pablo, director.