Modelos y miles de yesos de prueba

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El torso en tensión de El hijo pródigo parece implorar perdón, o quizá rebelarse, ante las imágenes del altar barroco. Auguste Rodin afirmó en una ocasión que sólo podía trabajar con un modelo. Posaban durante horas, y quería que lo hicieran con naturalidad, sin esfuerzos musculares ni como estatuas. Con la mujer que posó para la famosa Eva sucedió que el escultor observó que su cuerpo cambiaba hasta que supo que se debía a que estaba embarazada, así que abandonó la pieza e hizo otra distinta. Pero la primera, en actitud de vergüenza, de gran fuerza y belleza, la fundió en bronce años después.