Compostela acoge 57 piezas de Auguste Rodin
21 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Muchos son los estudios que han hurgado en la vida y la creación de Auguste Rodin, desmenuzando su biografía e investigando su obra. Desde mediados del siglo XIX hasta 1917, año de su muerte, transcurren en su taller de Meudon capítulos de pasiones amorosas, escándalos y atrevimientos plásticos. Pero es, también, en este local, abarrotado de arcillas, mármoles y papeles, donde se da el gran paso hacia una modernidad que terminará en el XX con la idea clásica de estatua. Su trayectoria artística se inicia cuando es rechazado en el Salón de 1865 al considerar el jurado que la escultura presentada, Hombre de la nariz rota , de un logrado verismo, se ha hecho partiendo de un vaciado del propio modelo. «Como la vida misma» Después de un viaje a Italia, la influencia de Miguel Ángel se fija en el voluntario inacabado de las tallas; del «non finito» de cada base brotan con un delicado y pulido perfil las imágenes de El hijo pródigo o El pensador . Las figuras se liberan de lo imperfecto hasta lograr la cumbre de la belleza; salen, tal y como explicaba el artista, «desde el interior hacia fuera, como en la vida misma». Con la versatilidad de expresión de este escultor se relacionan muchas de las polémicas que se suscitaron en su época. El descontento, que entre algunos de sus coetáneos causaba su trabajo, se debía fundamentalmente a los géneros tratados, desnudos en gran parte, y a la manera de interpretarlos: hacía que los personajes se arqueasen hasta lograr difíciles escorzos. Pero, muy posiblemente, sea el tema de la reproducción de sus piezas el punto de discordia que ha generado el debate más intenso y que se mantiene todavía hoy. En el proceso de trabajo y, acaso también, en los intereses pecuniarios se encuentra la explicación a esta cuestión. El autor realizaba el original en arcilla, siempre en formato pequeño; sus numerosos ayudantes lo transformaban en mármol y en bronce, y a tamaño grande. El mármol era esculpido bajo la supervisión del maestro; el control de la fundición en bronce parece en cambio dudoso, pues se hacía lejos del estudio. Los duplicados de muchas piezas fueron ejecutados con el consentimiento de Rodin, otros se fabricaron después de su muerte bajo el mandato del primer director del Museo que lleva su nombre en París. Corrupción de la estética La multiplicación de vaciados a partir de la escayola original hizo que relojes de mesa y otros objetos de uso decorativo apareciesen ornamentados por las imágenes creadas en yeso del artista. Esta situación fue catalogada por Rosalind E. Krauss, historiadora y buena conocedora de su obra, como «corrupción de la estética del trabajo manual por los procesos de reproducción mecánica». Mitificado por personas cercanas, como su secretario Rainer María Rilke, y desmitificado por la historia en las últimas biografías que han salido de Camille Claudel, su colaboradora y amante durante quince años, no es necesario subrayar la importancia que su obra tiene para los historiadores del arte. La Universidad de Santiago ha aprovechado la magnífica oportunidad que le brindan la Fundación La Caixa y el Museo Rodin para traer a Fonseca y a la Iglesia de la Universidad, sus bronces, mármoles y dibujos. Una convocatoria ineludible. AUGUSTE RODIN . Fonseca e Iglesia de la Universidad. Santiago. Hasta finales de agosto