Comenzó la recta final de Gran Hermano con noche de expulsión y nominaciones. La primera era vista; las segundas, también. Rocío se fue por la puerta de atrás, con el 52% de los votos de la audiencia (que se tenía que repartir entre cinco candidatos) y sin abrazos sentidos de sus compañeros. Era lógico, porque la chica no había hecho más que enemigos dentro (y fuera) de la casa de Guadalix. Comparada con ella, las tonterías de Nacho hacia Desi quedan en nada. Por cierto, la gallega se va afincando entre los puestos de favorita, en parte por ser buena niña y en parte, por tener unos padres como los que tiene. Habrá que ver ahora, sin Rocío, con la garantía de Pedro y teniendo a Tone en horas bajas lo que hace Inma, que ha demostrado tener más dobleces que una servilleta. La última semana fue especialmente fructífera para la andaluza que, recién llegada de Argentina, se conformó con el edredoning de Pedro ante la confirmación del lío Matías-Rocío. Mercedes Milá decía tener miedo de que aquello fuese despecho; ayer no lo parecía, pero esta semana se sabrá. A la hora de nominar, se dio el caso tan curioso de que Matías, Inma y Pedro nominaron a Nacho, Desi y Rafa, y viceversa. Tres votos cada uno y todos en el disparadero. Llegó la hora de restar los votos por parte del único ganador de la prueba semanal, Pedro, que, fuera de toda lógica, se lo quitó a Matías porque «a Inma no la quiere echar nadie». Así pues, los nominados son: Nacho, Desi, Rafa, Inma y Pedro. En cuanto a Rocío y su intervención en el plató, era como cabía esperar: dulce hasta el empalague, seseando y hablando de una forma tan rara -«no me lo hagais mucho de pasar» dijo sobre sus compañeros- que Nebrija nunca la tendría por compatriota. De Matías sólo dijo cosas buenas, sobre todo que era un Hombre y Mercedes Milá ya la sentenció: «Cuando una mujer dice eso, es que está enamorada».