Desde los tiempos, no tan lejanos, de Helmuth Rilling al frente de la Real Filharmonía, los oratorios prácticamente habían desaparecido de las programaciones musicales gallegas. Lo que en otra época se había convertido en norma habitual constituye ahora una excepción. En cualquier caso, bendita excepción que ha permitido volver a escuchar al gran Haydn en las mejores condiciones posibles. Algunos, por supuesto, preferirán los instrumentos originales, e incluso puede que hasta las pelucas blancas; pero lo importante es el resultado. Para hacer música lo fundamental es tener desde el principio un concepto bien claro de lo que se quiere lograr. En ese sentido, nada que objetar a la idea rectora de un Víctor Pablo que encuentra en esta Creación esos matices que a veces se echan de menos en otras interpretaciones, demasiado solemnes, de una obra que sobre todo destila júbilo, humor y sentimientos elevados; en definitiva, humanidad. Lectura plena de brío Sin dejar de lado los efectos dramáticos (sobre todo en la introducción: bien logrado el casos), el maestro burgalés ha ofrecido una lectura plena de brío, musicalidad y contrastes: cálida, transparente y luminosa. A su atendible enfoque contribuyeron una orquesta sobresaliente, con un magnífico trabajo de maderas y metales; un coro excelentemente empastado, y unos solistas estupendos, muy equilibrados. En este último apartado hay que decir que, como suele ser norma de la casa, Víctor Pablo cuidó al máximo el acompañamiento a los cantantes, logrando algunos momentos de honda expresividad, como en el dúo de Adán (Franz-Josef Selig) y Eva (Ruth Ziesak), Von deiner Güt (nº30). La soprano Ziesak se empleó sin problemas en la coloratura y su pequeña voz sonó fresca y clara, aunque en algunos momentos le costase hacerse oír por encima de la orquesta. Selig (bajo) y Güra (tenor) destacaron por el matizado fraseo. El público aplaudió con ganas. Festival Mozart. La creación, de F. J. Haydn. Sinfónica de Galicia. Coro del Palau. Víctor Pablo, dir. Ziesak, Güra, Selig, solistas.