Veneno en estado puro

Benigno Lázaro LUGO

TELEVISIÓN

Kiko Veneno se quedó con toda la tarta el jueves por la noche en Lugo y dejó a las chicas, a Lou Garx, y sobre todo a Christina Rosenvinge, a tres velas. Ellas actuaron a las ocho de la tarde en el patio del Seminario y él lo hizo dos horas después en la plaza de Santa María, pero durante un rato coincidieron en el tiempo, con avasalladora ventaja para el abuelo. Hay velatorios que resultan bastante más animados que el concierto de Christina, y la verdad es que la mujer no lo merecía, porque sonaba bien, condición indispensable teniendo en cuenta que quienes acuden a un concierto se supone que saben de qué va. Al final, apenas tres o cuatro decenas de jóvenes se movían ante la cantante como alma en pena o, simplemente, no se movían. Ni siquiera tenían la disculpa de una noche fría. En la plaza de Santa María todo era distinto. El flamencorockero catalanoandaluz salió al estrado con retraso, pero a partir de ahí no se detuvo ni ante los aplausos, hasta la medianoche, hora a la que decidió infructuosamente dar por finalizado el concierto. Tampoco hizo concesiones al respetable con consignas gancho, salvo un «caraiyo» dedicado a unos espectadores supuestamente andaluces. Y poco más. Decidió meterse a la gente en el bolsillo a base de aplicar el manual, que a estas alturas lo domina del derecho y del revés. Música y de la buena con la plaza a rebosar y el personal, como el mar de fondo, moviéndose sin estridencias pero al unísono y sin parar. Tras el primer adiós cantó otras cuatro, alguna muy reclamada. Se despidió con esa hija furtiva que tuvo con Camarón: Volando voy .