John Darnton aborda en «Ánima» los límites entre la ciencia y la vida

Paloma Abejón MADRID

TELEVISIÓN

BENITO ORDÓÑEZ

21 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Puede la tecnología controlar el alma? Esa es la pregunta que intenta responder en su última novela John Darnton, el editor del suplemento de cultura de The New York Times . Después de 37 años de periodismo y con un premio Pulitzer a sus espaldas, Darnton acaba de publicar su tercera novela, Ánima (Planeta), y continúa desgranando las posibilidades de la ciencia. Un accidente deja a un chico de trece años, Tyler, con un pedazo de metal incrustado en el cráneo y en estado de coma en la cama de un hospital. Salvar su vida permitirá al autor entrar de lleno en el debate sobre cuále es el límite de la medicina a la hora de experimentar con seres humanos. Darnton se declara partidario de la experimentación con células madre y de toda investigación controlada que no provoque dolor a los pacientes. «La ciencia tiene que avanzar», dice. Aunque en su libro no aborda directamente la eutanasia, se muestra claramente partidario. Según dijo, «En Oregón se aprobó y ahora Bush intenta que se de marcha atrás. Si en Nueva York se diera un caso similar al del protagonista de mi libro le dejarían enganchado a las máquinas indefinidamente y me parece vergonzoso». Darnton se siente atraído por el binomio ciencia-ética y ha logrado que su libro venda 80.000 ejemplares en EE. UU. a pesar de ser una sociedad eminentemente conservadora y religiosa. «La vida tras la muerte interesa más allá de saber si uno va al cielo o no, interesa en sí misma», comenta. Se documentó a fondo para describir toda la parte médica del libro e incluso asistió a una operación de neurocirujía del Hospital de San Francisco. Dice, después de todo, que ahora siente más respeto y aún más miedo hacia la medicina. Desde su posición privilegiada de novelista y editor de The New York Times sostiene que la ficción permite más posibilidades que el sometimiento a la vida real del periodismo, aunque, según afirma, «no hay nada más profundo que la vida real».