«Si cualquiera puede dirigir, cualquiera puede ser presidente»

Angélica Martínez LOS ÁNGELES

TELEVISIÓN

El veterano intérprete, protagonista de filmes como «Rain Man», regresa a la gran pantalla con «El jurado», una cinta que se estrena hoy y en la que da vida a un abogado

07 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Dustin Hoffman ha visto cumplidas casi todas sus aspiraciones desde que debutó en el cine con El graduado . Era 1967 y, hasta entonces, el actor rechazaba todos los guiones que le ofrecían por mantenerse fiel a su pasión por el teatro. Poco agraciado físicamente, Hoffman fue el primero de una serie de actores que abrió la puerta a los Nicholson, Pacino o De Niro. Es decir, a profesionales con más talento que imagen. Dispuesto a correr riesgos, Hoffman se ha caracterizado por sus sorprendentes decisiones a la hora de elegir películas, desde Cowboy de medianoche a Tootsie, hasta llegar al hermano autista de Tom Cruise en Rain Man , que le valió su segundo Oscar -el primero fue por Kramer contra Kramer -, un galardón al que ha sido candidato en siete ocasiones. Incapaz de repetir una escena dos veces de la misma manera -ha llegado a rodar más de doce tomas de forma distinta-, Dustin Hoffman acaba de estrenar en España El jurado , un thriller basado en una novela de John Grisham en el que coincide con Gene Hackman, John Cusack y Rachel Weisz. -¿Soñó alguna vez con que su nombre fuera conocido en todo el mundo? -Pertenezco a esa época en la que los que vendían eran Rock Hudson y Troy Donahue, tipos bien parecidos. Nosotros éramos los actores de personaje, los feos, y yo era aún más feo que el resto. Cuando me ofreció El graduado , Mike Nichols cambió todo, sobre todo la imagen eufemística que Hollywood había creado de los protagonistas. -Después de tantos años ¿cómo mantiene la ilusión? -Lo mejor de la interpretación es la preparación previa, cuando estás creando el personaje es cuando más lo disfrutas. Con Rain Man estuve preparándome durante dos años y medio, leí todo sobre autismo y sobre el síndrome de Down, me reuní con padres de familia, asistí a reuniones de hospitales... Fue fascinante, y como el filme tenía problemas de producción, yo seguía estudiando. - En «El jurado» interpreta a un abogado que cree en la ley, el bueno, mientras que Gene Hackman es el villano, un experto seleccionador de jurados... -No pienso en los personajes como honestos o deshonestos. El director te dice cómo quiere que lo interpretes y, además, no estás solo frente a la cámara. Tengo un amigo que es abogado con quien llevo treinta años peleando por causa de la pena de muerte, porque yo creo que hay muchos inocentes acusados, y él dice que no, porque cree en el sistema y en la pena de muerte. Todo en la vida tiene dos caras. -Usted está en contra de las armas y de la violencia. -Por supuesto. Es necesario controlar el uso de las armas en Estados Unidos, donde más del 80% de la población opina lo mismo que yo, pero esto no se produce porque la Asociación Nacional del Rifle (NRA) es el grupo de presión más poderoso que existe. Durante la Administración Clinton, se aprobó la primera ley para regular las armas, pero el NRA tiene tanta fuerza que hablaron con los congresistas y la ley se aprobó sólo por diez años. Esta norma termina el próximo septiembre. Es de locos, ocho personas mueren cada día en EE.UU. por culpa de la violencia de las armas, y muchos de ellos son niños. Muere mas gente en este país al año que los soldados que murieron en la guerra de Irak. -¿Cree que una película puede cambiar lo que está sucediendo? -Es como El dilema -cinta de Michael Mann que abordaba una historia verídica relacionada con un caso contra una tabacalera-, un buen filme que, poco a poco, fue incrementando su poder. Al final, todo se reduce al dinero. No sé si una película puede tener efecto en la audiencia, pero de lo que estoy seguro es que no hará daño. -¿Ha sido alguna vez miembro de un jurado? -Me llamaron una vez, pero les contesté que tenía que hacer entrevistas. Fue en Nueva York y te aseguro que jamás volverán a contar con una persona conocida para que dé un veredicto. -Resulta irónico que usted haya sido atacado por hablar sobre la guerra de Irak y contra la política exterior de Bush, y que uno de sus colegas, Arnold Schwarzenegger, llegue a gobernador. -Cuando estás promocionando un trabajo, no es el mejor momento para hablar de política. Si lo que quieren es hacerme una entrevista política, entonces yo decido cuándo y me preparo para ello. No soy un activista político, aunque tengo mi opinión. En cuanto a Schwarzenegger, no entiendo la sorpresa. Si el presidente de los Estados Unidos es un hombre sin ningún tipo de educación política, con un equipo que avala su trabajo, igual puede pasar con Arnold. La metáfora es que cualquier persona puede dirigir una película. Si tiene un buen cámara y un buen supervisor de guiones, sólo necesita a los actores. Y si cualquiera puede dirigir una película, cualquiera puede ser presidente o gobernador de California.