«Serena». Así definió ayer su estado actual la viuda de Cela, Marina Castaño. La periodista y escritora giró visita a Galicia primero para la junta del patronato de la Fundación Cela, en Iria Flavia, y más tarde para presentar en la librería Arenas de A Coruña el poemario de José Aguilar, Desaliento , ese que, según la autora de Toda la soledad , se da «muchas veces en la vida y sólo se supera con mucha fuerza interior». «Yo sobre los comentarios no comento», advirtió para eludir preguntas incómodas. -¿Proyectos? -Son los que mantienen viva a la persona. Sólo aspiro a continuar como hasta ahora, en los mismos medios donde estoy desde hace tiempo y con el trabajo del que vivo. Y con la fundación. -¿Ninguna novela? -Tengo una a medio terminar desde hace tiempo. Pero estoy bastante perezosa. La verdad es que la radio, el periódico y la fundación roban mucho tiempo, y la tengo un poco abandonada en la esquina de una mesa. -¿No puede avanzar algo? -Noooo. -¿Para cuándo? -No lo sé. El día que me anime a cogerla y corregirla necesitaré al menos dos meses. Pero es un proyecto de hace años y que tengo bastante esquinado. -Entonces está totalmente volcada en la Fundación Cela. -Estamos con actividades constantemente. El día 9 inauguramos una magnífica exposición sobre Padrón como cuna de escritores, y no sólo Rosalía o Camilo José. Hay muchos y muy importantes. Durante varios meses vamos a hacer ciclos de conferencias, congresos y muestras pormenorizadas sobre sus obras. -Presenta un poemario... -Para mí es una gran satisfacción presentar Desaliento y no sólo por la amistad que me une a José Aguilar. Salvo excepciones, como la de Valente, desde mi juventud tenía relegada la lectura de versos. Obras como éstas me han llevado al reencuentro con la poesía.