Banderas cumple un sueño

J. L. Picón MÁLAGA

TELEVISIÓN

MIGUEL GALLEGO

El actor español más internacional se alía con los amigos con los que empezó para impulsar una fundación que apoye a intérpretes noveles.

28 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuatro jóvenes de los años setenta, locos por el teatro, encabezados por el más entusiasta, un tal José Antonio Domínguez Banderas, hoy Antonio Banderas, están en camino de cumplir el sueño del que tanto hablaron entonces, cuando incluso debían poner dinero para poder actuar: tener una sala de teatro. Además de Banderas, en aquel grupo de adolescentes que frisaban los 16 años estaban el hoy compositor Antonio Meliveo y el abogado Francisco Fortes, mientras que, con diez años más, la paternidad moral correspondía al autor teatral Miguel Gallego. Los cuatro son patronos de la Fundación Teatro del Puerto, que creará en Málaga un espacio escénico en el que los aspirantes a actores podrán recibir cursos de grandes estrellas internacionales como Dustin Hoffman, Sting o Chita Rivera, quienes ya han expresado de manera informal a Banderas su interés por el proyecto. Primera representación Gallego, que dirigirá el Teatro del Puerto, recordó cómo, allá por 1976, se dirigió a la que fuera esposa de Edgar Neville, Angeles Rubio Argüelles, quien promocionaba a jóvenes valores, para pedirle que les cediera un local en el que representar sus montajes. «Era una señora muy interesante, con mucho carácter, y nos dijo que estábamos locos», aunque finalmente accedió por un precio simbólico de una peseta y a cambio de que los jóvenes colaboraran en las representaciones que organizaba en el Teatro Romano de Málaga. Una vez conseguido ese espacio, un local comercial bastante grande, sin columnas y con un aforo de unas cien personas, aquellos jóvenes, movidos «por el desconocimiento, que es una característica muy atrevida», limpiaron la sala y comprobaron las dificultades del oficio. «Al mes nos dimos cuenta de que, después de la primera obra, había que montar otra, y luego, otra...», dijo Gallego, autor del primer texto que representaron, El hijo pródigo, un título que se le podría aplicar ahora a Banderas. Primera representación En una ciudad que era entonces un páramo teatral, con una actividad reducida a los comedores universitarios, en aquella compañía el único que tenía vinculación con el teatro era Banderas. «No sé si prometía ya, nunca se sabe, pero sí se olía que era una persona con una vocación tremenda. Lo tenía mucho más claro que todos nosotros, y su vitalidad nos contagiaba», apuntó Gallego, que siempre se refiere a Banderas como Jose, porque «para mí es Jose, no Antonio», subrayó. Al ser Gallego el mayor del grupo, debía poner orden en las peleas entre los demás miembros, a veces por culpa de los amoríos y, otras, de las madres, que lo querían crucificar porque pensaban que había metido a sus hijos en una secta.