En su última película es un ex agente de la CIA que ha perdido la memoria, pero lo que no ha perdido en absoluto es un ápice de su atractivo, y sobre todo, de simpatía
07 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?att Damon estuvo ayer en Madrid promocionando El mito de Bourne , secuela de The Bourne identity , mostrando su cara más amable y la eterna sonrisa que siempre le acompaña. -¿Por qué motivo decidió aceptar la segunda parte del caso Bourne? -Lo más importante fue que el director iba a ser Paul Greengrass. Acababa de rodar Domingo sangriento y me encantó la idea de que él fuese el director. -En la película está todo el rato saltando, corriendo y peleándose con sus enemigos. ¿Siguió algún tipo de entrenamiento? -En la primera parte de la película tuve que entrenarme durante seis meses y tuve que aprender a caminar como un boxeador, así que entrené boxeo durante seis meses. En cuanto me encargaron este papel tuve que volver a recordar aquel entrenamiento, aunque esta vez sólo fue durante tres meses. -La crítica ha considerado que esta parte es mejor que la primera. ¿Cree que ha tenido algo que ver Greengrass? -Bueno es muy difícil resumir lo que hacía Greengrass en la película, pero sí es verdad que él no quería que tuviese aspecto teatral. Él siempre filma de manera que el público nunca sabe lo que va a ocurrir, sus tomas no son previsibles, que es exactamente lo que le pasa a mi personaje, que no sabe lo que le va a pasar. Su manera de colocar la cámara provoca este efecto que creo que es su grandeza como director. -¿Qué importancia tiene para una estrella como usted tener una franquicia propia? -No lo sé, no lo sé. Supongo que mucha porque esto supone tener una red de seguridad en el caso de que las otras películas fallen. Pero no lo veo exactamente así porque incluso después de hacer la primera parte no teníamos planes para una segunda. Y ahora, un vez acabada esta, estamos en la misma situación, así que si es una franquicia es la más rara del mundo porque no tiene, al menos de momento, una intención de continuidad. -¿Es usted consciente de ser un estrella? -No, no, para nada. Consigo llevar una vida normal y eso es gracias a que soy capaz de dividir mi vida en compartimentos estancos. Yo estoy en Nueva York con mi vida y de repente tengo que irme a Europa a promocionar mi película durante una semana y lo hago sin problemas, y me siento aquí en la habitación de un hotel con alguien como usted, que me hace preguntas y graba todo lo que digo y lo apunta en su libreta, y todo esto a veces me parece a veces hasta surrealista, pero forma parte de mi trabajo, y lo asumo como tal. Luego, vuelvo a mi vida normal y soy un tipo corriente en mi casa. No me considero en absoluto una estrella porque además eso podría afectar a mi forma de actuar. -Después de haber ganado un Oscar con Ben Affleck por el guión de «El indomable Will Hunting». ¿Tiene algún proyecto conjunto con él? -Tengo una productora con él, pero no estamos haciendo nada en particular. Nos gustaría mucho, pero no tenemos tiempo. Cuando escribimos aquel guión fue para que pudiéramos trabajar como actores. Y funcionó, desde entonces no hemos parado y precisamente por eso no nos hemos puesto a escribir, pero lo hemos hablado. -¿Cómo se prepara para una promoción tan agotadora? -Ja, ja, en realidad no hay una preparación, pero es muy duro, no se puede imaginar lo raro que es tener 33 años y estar aquí sentado, en este hotel, hablando todo el día con gente que no conoces de nada y que te pregunta miles de cosas, que las graban y luego las publican.