24 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

HIZO BIEN Julia Otero al jactarse de las no pocas dificultades que hubo de superar para sentar frente a ella a dos políticos tan dispares como el socialista extremeño Rodríguez Ibarra y el nacionalista catalán (se definió más exactamente como independentista) Carod Rovira. No era para menos, son como el día y la noche... Lo atractivo de la casi primera hora de Las cerezas (La Primera) descansó en el mano a mano entre ambos, bajo la atenta vigilancia de Julia, quizá más contenida que de costumbre. Hubo fair play o respeto a las reglas, que dice el Libro de estilo de La Voz. Y estuvo bien el gesto, la antítesis a la crispación y al griterío de la tele de hace poco. Cada espectador habrá sacado sus conclusiones después de escuchar a ambos, que de eso se trata. Sin sacar punta a parte de lo dicho, sí quedó claro lo mucho que cuesta entender los rasgos diferenciales de un país cuando tiene una lengua y una cultura propias. La parte más farragosa (a un lado el asunto del indulto a Vera) del encuentro estuvo en lo complicado que resulta a Ibarra asimilar el binomio catalán-castellano, léase en consecuencia el euskera-castellano o el gallego-castellano, con todos los matices que se quieran, pero que no se pueden laminar o ningunear sin herir sensibilidades. Ahora bien, fue grato verlos discrepar sin recurrir a los puños.