SU VIDA
07 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.El triunfo absolutista, con el que se abre la llamada década ominosa, obliga a Juana de Vega y a su marido a vivir en el exilio. Inglaterra es el destino de la pareja. Allí afianzan sus ideas liberales, reforzadas por sus contactos con intelectuales en Francia y Portugal. Tras la muerte de Fernando VII, en 1834, regresan a España. Espoz y Mina fallece dos años después, y Juana se instala en A Coruña. El Gobierno le concede el título de condesa de Espoz y Mina. Pero, como paso previo obligado por las leyes de la época, le da antes un vizcondado. Juana opta por el vizcondado del Arado, para honrar el origen rural de su marido. Deja A Coruña por Madrid para ser aya de la reina durante dos años, y después vuelve definitivamente a su ciudad natal, donde se gana a los herculinos con sus obras de beneficencia. Especialmente relevante es su papel durante la epidemia del cólera de 1854, que en 90 días mata, al menos, al 10% de la población coruñesa. Juana se multiplica: atiende a los enfermos y solicita ayuda exterior. Su labor durante esta tragedia es premiada con el Gobierno con el título de duquesa de la Caridad, honor al que renuncia con estas palabras: «Lo apreciable para mí, tratándose de títulos, es el apellido de mi esposo». Muere en 1872 en A Coruña. Hoy, su legado lo custodia la Fundación Juana de Vega, con sede en la calle Salvador Allende de San Pedro de Nos (Oleiros), que también concede becas y organiza cursos.