Crítica | Música clásica
13 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El jueves, el mismo día en que Frank Peter Zimmermann actuaba en Santiago, la excelente agrupación Café-Zimmermann se presentaba en Ferrol. En A Coruña, tenía lugar la rueda de prensa en torno al Don Giovanni que inaugurará la próxima semana el Festival Mozart; y todo ello mientras, en Lugo, se celebra estos días el Festival de Música. Impensable hace unos años tal actividad musical en Galicia, lo cual demuestra que algo hemos avanzado. «La gente tiene hambre de arte», como acaba de asegurar el director de escena italiano Giancarlo del Monaco en nuestra tierra. Acaba de regresar al Auditorio de Galicia uno de los más importantes violinistas de la última década, el aún joven, a pesar de la increíble madurez que exhibe desde sus primeros años de carrera, Frank Peter Zimmermann. El alemán ha sido definido como una mezcla entre Paganini y Jimmy Hendrix. La hipérbole funciona viéndolo en acción, hay algo de demoníaco en sus ataques, en el absoluto dominio del instrumento y grandes dosis de frescura: su última propina, esas variaciones sobre el God save the queen, con broma final incluida, dejó al público sin aliento. Antes ya se había encargado de seducir al auditorio con una interpretación sin fisuras del difícil Concierto número 2 de Prokofiev, una obra de contrastes, lírica y mordaz. La tersura del sonido de su Stradivarius cautivó particularmente en ese segundo movimiento en el que el compositor parece bajar la guardia, y aflora esa inesperada y bellísima melodía del inicio. Merecidísimas ovaciones finales para Zimmerman. La Real Filharmonía conoce bien a Schubert, de sus primeros años con Rilling, cuando grabaron en cedé una estimable integral de las sinfonías. Ahora han vuelto a la Primera con Halffter, tan denostado (por razones extramusicales) como inteligente. AUDITORIO DE GALICIA. Real Filharmonía de Galicia. Pedro Halffter, dir. Frank Peter Zimmermann, violín.